martes, 7 de julio de 2015

Le advirtieron con meterla a la cárcel si denunciaba la desaparición de su hija Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, y en 4 años las autoridades no tienen ninguna pista


Anita, mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, con el cártel de recompensa. ©JudithTorrea


- Qué le ha hecho a su hija, por qué se ha ido de la casa, le increpa el agente ministerial en la Fiscalía.
- Nada, por eso estoy aquí, que me ayuden a saber de ella.
- ¿Sabe que si encuentra pronto a su hija puede ir al bote, por omisión de cuidados?

Ella se enoja. Doce horas intentando reportar la desaparición de su niña:

- Dígame si me va a tomar la denuncia o no, no me haga tanto esperar para que me arrepienta de poner la denuncia. Búsquela y me la trae y después me hace todos los cargos que quiera.

Han pasado 4 años, de aquel 8 de julio del 2011: Anita, la mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, solicita a la una y media de la madrugada, la ayuda de las autoridades. Ya no sabe qué hacer.

"Como a las 6 de la tarde se me hizo un poco tardecito que no llegara. Estaba inquieta y cerquita de las 7 me fui a esperar la ruta. Jessi no traía celular. No llegó y pensé que empezó a  trabajar: hay algunas tiendas que cierran a las ocho y media. Cuando no llegó, le dije a mi hijo: Ve a por tu papa, vamos a buscarla en el centro... se me hace tarde. Y nos fuimos sin rumbo, a recorrer todas las calles para ver las rutas y buscarla por todos los hospitales, albergues, ver si estaba detenida".

Madrugada, va a la Fiscalía: abierta veinticuatro horas al día. Intenta interponer una denuncia por desaparición y que activen el Protocolo Alba de búsqueda. Sabe que cada hora que pasa hay menos posibilidades de recuperar a su hija, que está en peligro. Le dan cita para nueve horas después, para las 10 de la mañana. A las 12 del mediodía, finalmente, la atienden y le amenazan con "meterla al bote", a la cárcel, si realmente su hija no ha desaparecido y realiza una denuncia.

La Fiscalía le asigna un investigador, que lo primero que hace es acompañarla a pegar pesquisas con el rostro de su hija.

"Y según ellos empiezan a buscar.  Cuatro años han pasado y no hallan ni una sola línea de investigación definida. Nada, ellos no han logrado absolutamente nada, los pocos datos que tienen son porque yo se los he llevado. Yo les he llevado datos de domicilios, de nombres de personas. La investigación la he estado haciendo yo, y en donde no puedo entrar, les pido auxilio".

Jessica Ivonne Padilla Cuéllar: 16 años cuando desapareció. Sus padres, un operario de una fábrica maquiladora y una comerciante independiente por catálogo.  La última vez que la vieron fue el 8 de julio del 2011. Jessi, como la llaman en casa, ha finalizado el cuarto semestre en la preparatoria Río Grande, de la colonia El Granjero. Sueña con estudiar medicina.

Diez y media de la mañana. Jessi sale de su hogar en la azotada colonia López Mateos hacia el centro de la ciudad, una de las zonas más vigiladas por el Ejército y la Policía Federal, enviadas por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra contra el narcotráfico. La joven lleva una carpeta con solicitudes para trabajar y así comprarse el uniforme y los útiles escolares.

"Jessi anduvo por varias tiendas en el centro, buscando trabajo, por tres días: martes, miércoles y el jueves ya no regresó. Ella estaba muy entusiasmada. Siempre fue una niña que siempre quiso apoyarnos como familia", recuerda Anita, de 48 años, madre de 3 hijos y abuela de cuatro, a los que cría como si fueran sus niños.

Sobrevive con la esperanza "de volverla a tener con nosotros, que nos mantiene fuertes. Si me dejo caer, me enfermo y no puedo estar alerta lo que pasa alrededor de Jessi y tengo que estar pendiente del resto de la familia. Si estoy comiendo, me pregunto si estará comiendo. A la hora de despertarme, lo mismo. Si voy a dormir, pienso en mis otros hijos y pienso también en ella, que me falta ella. Es imposible de quitármela de la cabeza. Nadie la olvida, ni los niños chiquitos siempre están hablando de Jessi, haciendo oración por ella. La bebé (nieta) tenía 7 meses cuando desapareció y ahora tiene 4 años, ella hace sus oraciones y siempre pide por ella".

Lo peor es "esa espera que no tiene fin, que no llega, que no sé cuando voy a terminar" y que ella combate con entereza:

"No me cierro a la realidad, pero también sé que el único que me sostiene de pie es Dios, por medio de su hijo Jesús. No puedo cerrar los ojos a esa verdad, no me la puedo pasar quejando. Sí que se vive un duelo, pero también tengo muchas cosas cada mañana por qué sonreír, por qué dar gracias y dormir en paz. Por eso, tengo que estar de pie, para cuando mi hija regrese".


lunes, 15 de junio de 2015

Cuando sonreír, duele: el cumpleaños de una mamá de desaparecida en Ciudad Juárez

Lucy con su hija desaparecida Nancy Navarro, en una foto/ ©Judith Torrea  ...................................            


Le duele tener que sonreír: cuando por dentro se está desgarrando. Con unos labios que intentan dibujar normalidad y unas pupilas dilatadas por lágrimas a escondidas, me dice:

"No puedo explicarle cómo cambió totalmente mi vida, yo creo que para siempre".

Hoy es el cumpleaños de la mamá de Nancy Navarro Muñoz, desaparecida hace casi cuatro años, un 13 de julio del 2011. Tenía 18 años, cuando partió de su hogar en la devastada colonia Francisco I. Madero con los documentos para solicitar trabajo en la zona centro de Ciudad Juárez y no se supo más:
http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html).
Y Lucy, su mamá, que recibe sus 41 años sonríe mucho más, por sus niños. Y le duele, aún más.

"Mi hija siempre, aunque no tuviera dinero, buscaba qué regalarme un detalle, una carta, una flor, que eso significa más que un enorme regalo. Es algo que no se olvida".

El atardecer de Juaritos, con sus rojizos que envuelven al grandote cielo, comienza a jugar también con los anhelos. A la mamá de Nancy Navarro le acompañan sus otros tres hijos de 17, 11 y 9 años, y su nieta Brianita, de 5la niña de Nancy, que cuando tenía un año y tres meses dejó de recibir los apapachos de su mamá, desde entonces desaparecida.

En la mañana le cantaron las mañanitas. "De las mamás (de desaparecidas), muchas felicitaciones. Me siento bendecida, porque tengo a mi familia de sangre y mi familia de dolor, que también por esa parte me mandaron muchos mensajes".

Cocinó unos taquitos de pollo en su casita de bloque de dos recámaras, incrustada en una colina arenosa del desierto, junto a un arroyo seco que cuando llueve se convierte en un peligroso.
De sorpresota, su esposo le llevó con toda su familia a saborear una nieve, al centro de Juaritos.
E intentó olvidar que en esa misma área de la ciudad desapareció su hija, como muchas otras desde hace veintiún años, una zona de la que no puede escapar: punto de conexión de las pésimas y escasas ruteras (viejos autobuses escolares estadounidenses desechados en el vecino país, EE.UU, para el uso y utilizadas en Juárez como transporte público) y donde se concentra el mercado Reforma, puestos de baja calidad, dudosos negocios, prostíbulos baratos, edificios en ruinas, además de la Catedral con su Virgen de Guadalupe, de la que es devota.

En el centro histórico también es donde su adorado esposo trabaja como mesero, en un restaurante humilde. En dos semanas, cumplirán veinticuatro años de casados. Él, como cada año, le regalará probablemente una flor, quizá también un peluche lindo, y una tarjeta con un mensaje de amor y agradecimiento. Sobreviven porque saben que "en la tristeza hay que hacer lo más bello de ella".

Al soplar su vela de cumpleaños en un pastel de tres leches, típico en México, que su niña de 11 años le obsequió, sonríe. Es chico: apenitas les llega para probarlo entre todos. La pequeña Brianita guarda un trozo para su mamá desaparecida, que está presente en cada rincón del hogar y en cada conversación de niña que espera compartir todo lo que esta viviendo con su mamita Nancy.

Quisiera que su regalo, al celebrar un año más de vida, fuera su primogénita desaparecida. "Uno se sienta y ve las velitas y pide en deseo. Nosotros siempre estamos pidiendo ese deseo, como que en el cumpleaños se pide con más fuerza", afirma Lucy, que tras trabajar en una fábrica maquiladora, se dedica a limpiar casas para disponer de más tiempo para buscar a su hija. Lo que en Juaritos significa hacer la chamba que las autoridades no hacen.

**** Cuando Nancy Navarro desapareció en el centro de Juárez -la zona más concurrida y bulliciosa de la ciudad, colindante con el puente fronterizo de Santa Fe, por el que se cruza a El Paso (Texas)- esta área estaba inundada de miembros del Ejército y la Policía Federal, que convivían con la pandilla de Los Aztecas, del Cártel de Juárez, que controla esta zona. Con la llegada de estas fuerzas de la (in)seguridad, enviadas por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra contra el narcotráfico no sólo se dispararon los asesinatos, sino también las desapariciones de niñas y jovencitas. Como en todos los casos de desaparición, las fuerzas de seguridad no sólo no previenen ningún tipo de delito sino que nunca ven cómo se llevan a las jóvenes, aumentando la hipótesis de su complicidad en las desapariciones. Al paisaje de "seguridad" se sumaba la Policía Municipal, con sus rondines frecuentes.

En estos casi cuatro años de agonía de la espera, las autoridades no han ofrecido ninguna pista a la familia. En su carpeta de investigación no hay adelantos, más que a veces las sugerencias que la mamá de Nancy Navarro les da para que la encuentren viva y que nunca han sido atendidas. Recuerdo que las autoridades no activaron el Protocolo Alba de búsqueda para Nancy Navarro Muñoz hasta que su familia -desesperada por la indiferencia de las autoridades- realizó una protesta, una semana después de su desaparición: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/buscando-su-hija-nancy-navarro-de-mama.html


sábado, 23 de mayo de 2015

¿Qué hace una madre cuando sabe que siete estudiantes de la escuela Incomex (Ecco) -a la que iba su hija desaparecida- fueron asesinadas?


 A Yolanda, mamá de Janeth Paola Soto Betancourth, las autoridades le impidieron denunciar la desaparición de su hija,  estudiante de Incomex.  ©Judith Torrea 

Lo consiguió. En dos semanas su hija se graduaría (con excelentes calificaciones).  La primera en la familia en superar la barrera de la preparatoria. Un año y seis meses de computación e inglés: a 180 pesos a la semana. Por estudiar, por tener otro futuro. Por... ¿desaparecer?

Yolanda tiene una hija: Paola Janeth Soto Betancourth (con "h" al final, me insiste). Pero ahora no la tiene. Sabe que la tiene, pero es como si no la tuviera. O peor.

Hay sueños hermosos que se convierten en pesadillas agónicas. Esto es lo que le pasó a Yolanda, una trabajadora de maquila de 44 años de edad: casada con otro operario al que conoció también en la maquila al emigrar a los 18 años a Ciudad Juárez, de su natal Durango: en busca del sueño: de poder sobrevivir en un México marcado por la desigualdad social, la pobreza en un país inmensamente rico, la corrupción y la falta de estado de derecho.

El sueño más reciente de Yolanda, hasta el 23 de mayo del 2011, era que su hija se graduara. Pero el sueño cambió esa misma tarde de hace cuatro años. Concretamente entre la 1 de la tarde y la 1,30pm.

Al parecer, a la una de la tarde, Paola Janeth Soto Betancourth, una chica reservada y alegre de 19 años, ojos oscuros y cabellos teñidos del color de los girasoles, salió de la escuela Grupo Incomex Centro de Computación, en el número 138 de la calle 16 de septiembre, en la zona centro de Juárez.

¿Qué es lo que pasó en esos 30 minutos? ¿Por qué aún no ha llegado a su hogar en la colonia Ciudad Moderna? Es lo que se preguntan e intentan averiguar Yolanda y su esposo Martín, cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada mes de los últimos cuatro años de sus vidas.

Lo primero que hizo Yolanda fue llamar al celular de su hija: apagado. Después, insistió, e insistió. Y cuando no pudo más, habló a su esposo. Juntos fueron a la escuela. No alcanzaron a encontrar a nadie que les pudiera dar una pista.
Se encaminaron hacia la calle Miguel Ahumada, en busca de la parada de la ruta 5A, que su hija tomaba para estudiar, y nadie la vio. En el camino, se toparon con retenes del Ejército y miembros de la Policía Federal enviada por el ahora ex presidente Felipe Calderon en su llamada guerra contra el narcotráfico.
Y ella comenzó a preguntarse que "qué casualidad que nadie la miró en la calle, qué pasaría. Con tanta policía y soldados que había y qué casualidad que nadie supo nada. Ya no haya ni uno ni qué pensar, si ellos se las llevaron, si están aliados con los que se las llevaron, no sabemos".

Llamaron a sus amigas. Fueron a casa de la familia de su novio -que ya no es su novio, porque en estos 4 años de espera ha contraído matrimonio y ni se lo ha podido decir porque... ¿Cuál es la mejor manera de decirle a tu novia desaparecida que te casas con otra... si no contesta su celular, si no vive en la misma casa, si ya no va a la escuela, si nadie más de su familia y amigos la ha vuelto a ver?

Al día siguiente, los padres de Soto Betancourth regresaron a la escuela Incomex. Ningún dato más. Así que decidieron ir a la Fiscalía, a poner la denuncia para que todas las fuerzas de seguridad realizan retenes constantes estén alerta y no sólo comiencen a estar atentos si la ven sino que sean activos en su búsqueda.

"Ese día no me quisieron agarrar la denuncia", recuerda Yolanda, madre de dos jóvenes más.

- Váyase, yo creo que está con el novio, ahorita no les va hablar porque está muy contenta...
- Cómo puede ser posible que usted me haga eso... si fuera su hija...
- Váyase señora, al rato ella le va a hablar, cuando a ella se le pase el amor, ella les va a hablar.

Su hija nunca volvió a llamar. Ella esperaba que aquellas palabras del agente del ministerio público de la Fiscalía fueran ciertas. Pero sentía que ella estaba en peligro. La buscó, la volvió a buscar, parecía que ya no quedara ni un lugar de Juárez para encontrarla. "Fuimos hasta las garitas del Ejército en el Kilómetro 20.  Anduvimos recorriendo que no hallábamos dónde", recuerda Yolanda.

Semana tras semana volvía a la Fiscalía para interponer la denuncia por desaparición. Sin suerte: sentía que se moría, que se partía en dos, en cuatro, en minúsculos pedazos. Aunque con el tiempo ha comprobado que para nada sirve denunciar a las autoridades que una niña, una jovencita, una hija haya desaparecido: porque a las que desaparecen, de verdad, nunca las han encontrado con vida  en los veintiún años de desapariciones en Ciudad Juárez. Y si las encuentran, aparecen sólo unos huesitos.

Pasaron los días, las semanas, el mes y casi dos meses hasta que llegó el 13 de julio del 2011 -una fecha en la que desapareciera otra joven, Nancy Ivette Navarro Muñoz, y en donde tampoco se activó el Protocolo Alba de búsqueda hasta que su familia realizó una protesta para presionar a las autoridades a que hicieran su trabajo, buscarla-.
Ese día, los padres de Janeth Paola Soto Betancourth fueron a poner el reporte de desaparición, a intentar que su hija a la que parecía que "la tierra se la hubiera tragado" fuera al menos visible para las autoridades. En la explanada de la Fiscalía se encontraron con un hombre que portaba la foto de su propia hija, por entonces desaparecida. Este hombre se llama Ricardo y su hija es Mónica Janeth Alanis Esparza, desaparecida y ya encontrada en huesos. Iba acompañado de una mujer, la activista Francisca Galván, que en ese momento no sabía que dos años después tuviera que pedir asilo político a Estados Unidos.
"Nos vieron desesperados, comenzaron a preguntar y luego les dijimos que no nos han querido agarrar la denuncia, y ahí fue Francisca a la Fiscalía".

Nada cambió desde que le permitieron realizar una denuncia, un mes y medio después de la desaparición de su hija. Sólo que ahora está en una pesquisa, con su foto y algunos detalles básicos.



Lo único que las autoridades han hecho para buscar a Janeth Paola Soto Betancourt es una pesquisa. ©Judith Torrea

La escuela donde estudiaba Janeth Paola Soto Betancourth comenzó a llamarse Grupo Incomex Centro de Computación hace más de una década. Antes era la Ecco. Cuando se supo que varias de sus estudiantes habían desaparecido y se encontraron violadas, mutiladas y asesinadas le cambiaron de nombre a Incomex. Y la vida de esta escuela siguió, como si nada. Con este simbólico hecho, se sigue la tradición de las autoridades de Juárez que se esfuerzan en cambiar la mala imagen de la ciudad, pero no la realidad que la provoca.

"Yo no sabía nada de desapariciones. Nunca imaginé que las desaparecieran de esa escuela. Me siento muy mal, si hubiera sabido que de ahí se habían desaparecido otras muchachas, te lo juro que nunca le hubiera dejado ir a esa escuela. Y ya cuando una ya sabe es tarde...", comenta la mamá de Soto Betancourth.

Esta madre señala que son tres las muchachas de la escuela de cómputo que también desaparecieron. Pero revisando mis archivos compruebo que al menos son siete las jóvenes desaparecidas que eran estudiantes de Ecco-Incomex en Ciudad Juárez, todas pobres, hermosas. Algunas de ellas también trabajaban en fábricas maquiladoras:
Tres de las estudiantes de esta escuela fueron encontradas violadas y mutiladas en el cerro del Cristo Negro el 16 de febrero de 2003. Ellas eran:
Juanita Sandoval Reyna, de 17 años y desaparecida el 23 de septiembre de 2002.
Esmeralda Juárez Alarcón, 16, desaparecida el 7 de enero de 2003.
Violeta Mabel Alvidrez Barrios, de 18 años, y desaparecida el 4 de febrero de 2003.
Pero no fueron las únicas en aparecer asesinadas en este cerro de la muerte. Un total de seis desaparecidas fueron halladas asesinadas entre octubre el 2002 y febrero del 2003.

Otras tres estudiantes de la misma escuela a la que iba Janeth Paola Soto Betancourth fueron encontradas muertas en el Campo Algodonero, en noviembre del 2001, donde se descubrieron restos de ocho jovencitas desaparecidas.
Ellas eran:
Mayra Juliana Reyes Solís, 16, desaparecida el 25 de junio de 2001.
María de los Angeles Acosta Ramírez, 19,  desaparecida del 25 de abril de 2001.
Esmeralda Herrera Monreal, de 19, desaparecida el 29 de octubre de 2001.
Y una más, Liliana Holguín de Santiago, 15 años, desaparecida el 13 marzo de 2000 y encontrada asesinada el 28 de junio del mismo año, en las faldas del Cerro de la Bola.

La misma escuela Ecco-Incomex también tiene tres estudiantes más desaparecidas, pero en su sucursal de la ciudad de Chihuahua:
Erika Noemí Carrillo Enríquez, de 20 años, más de quince años de desaparecida, desde el el 11 de diciembre de 2000.
Paloma Angélica Escobar Ledezma, 16 años, desaparecida el 3 de marzo de 2002 y encontrada asesinada el 22 de marzo de 2002.
Neyra Azucena Cervantes, 18, desaparecida el 13 mayo de 2003 y encontrada muerta en los Cuernos de la Luna, en agosto, según datos de las autoridades.

Para Yolanda, la mama de Janeth Paola Soto Betancourth, está claro que la escuela donde estudiaba su hija debe de ser investigada. Pero todavía no ha podido convencer a las autoridades a que sigan esta línea.

"En estos cuatro años, ya no sabe uno ni qué hacer, ni una pista uno tiene. Que no sepan nada, que vean nada, yo no sé por qué no se ponen a investigar, a buscar. Si uno pudiera y si tuviera más recursos.. uno la busca, pero ellos no: no más están sentados a que les lleve uno".

Ahora, después de tanto insistir, la nueva agente del ministerio público que lleva su caso, está leyendo el expediente, y tomando algunas medidas:

"Apenas están viendo el teléfono de mi hija, a quién habló antes de desaparecer. Ya son cuatro años (de la desaparición) y es que van muy atrasados, no se mueven, no se hacen nada. Se le figura a uno que no quisieran trabajar, como que no se quiere que se sepa nada y uno le da vueltas a la cabeza... ".

Y ella es pregunta: "¿por qué?" -como todas las madres de desapariciones y víctimas de feminicidio en Ciudad Juárez, desde hace veintiún años-. Ahora el sueño por el que emigró a Ciudad Juárez es otro.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Mamás de desaparecidas, "artesanas" para conmover corazones que las encuentren vivas



Tardó tres días en hacerla. Antes, pensó en el diseño. Sería grandota. Y verde, como el color de la esperanza. Poco después comenzó a buscarla en los mercados, en las tiendecitas. Tenía que ser la más hermosa, como su hija Nancy Navarro: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

La encontró. Era una esfera de color rojo. Había que pintarla, de verde. Siempre, de verde. No quería agarrar la pintura, ni modo: repitió el proceso varias veces. Cuando estuvo bien seca, comenzó con un pincel a darle esplendor con dorados. Y pegó la foto de su pequeña.

A la vez, comenzó a preparar otras dos bolitas con material de espuma. Escribió el nombre de su hija: Nancy Navarro. La fecha en la que desapareció hace más de dos años: 13 de julio de 2011 y edad: 18 años. A un costado, su grito: "Vivas se las llevaron, vivas las queremos".

Llegó el día. Se reunió con otras mamás que sienten lo mismo y convierten su rabia en lucha. Como Perla, la mamá de Jocelyn Calderón Reyes, desaparecida hace casi un año, a los 13 años de edad:
http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/el-pastel-es-para-ti-jocelyn-calderon.html

Perla le enseñó las esferas de espuma que había estado trabajando, acompañada de otros tres familiares de desaparecidas. Fueron 140, en dos días de trabajo intenso. Por todas las mamás que no pudieron reunirse.

"Significan nuestras hijas que no las tenemos en esta Navidad. Decirles a las autoridades que no tienen que estar en esa foto, que tienen que estar con nosotros", comenta la mamá de Jocelyn.

Juntas fueron a las Fiscalías, la General y la de Mujeres, para llevarles a sus hijas: en esferas y cartulinas que surgían de un pino de Navidad y de dos cartones convertidos en arbolitos.


"En todas las casas, en estas fechas, se pone un pino. Queríamos ponerle uno con las esferas para que vean todo el trabajo que tienen que hacer, sus caritas, y no hay resultados positivos. Aunque ellos dicen que de diez niñas que desaparecen, encuentran nueve, ¿por qué las de nosotros nunca aparecen?", exclama Lucy, la mamá de Nancy Navarro.

"Si tienen un poquito de corazón, (las autoridades) tienen que chambear, como que no les interesa, son unos inhumanos, son veinte años de desapariciones en Ciudad Juárez".

En la Fiscalía General del Estado hay ahora un pino de cartón, verde, pegado en los cristales.  Como en la Fiscalía de Mujeres donde además se encuentra amarrado en las rejas, con una cinta amarilla, el pino natural con las esferas que recuerdan que para ellas no hay Navidad.

En unos días, Lucy, irá a ver cómo está la esfera de su Nancita. "A lo mejor se me despinta (con la lluvia), voy a forrarla con hule de plástico para que no le haga nada el agua".




***** Ráfagas de terror en las principales avenidas de Ciudad Juárez: en Cuatro Siglos, Antonio J. Bermúdez, Tomás Fernández,  Trabajadores de fábricas maquiladoras en pánico. Niños, también. Dos asesinados, más dos heridos, por ahora. Para las autoridades, esto es paz (con balas).
El Consulado de Estados Unidos en Juárez alerta de los peligros de viajar a la ciudad y recomienda no hacerlo y de viajar, no acudir a lugares públicos como restaurantes y comercios. 
La mayoría de los empresarios y las autoridades -con fuertes intereses en el sector económico- están molestos con la alerta consular, que se aleja de sus esfuerzos de cambiar la imagen de la ciudad pero no la realidad inmediata ni la más profunda. Como viene ocurriendo con las desapariciones de niñas y jovencitas (pobres y bellas): con la negación de esta realidad que no sólo continúa por veinte años, sino que se ha disparado.
Juárez Vive (como reza el lema del gobierno): menos para los que son asesinados.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Dónde están los huesos que le mostraron de su hija desaparecida y víctima de feminicidio Jessica Leticia Peña?



Contó los huesos. Uno por uno. Le faltaban cinco. Miró la dentadura y gritó. No era su hija. Ni lo que quedaba de ella. A Mari García le mostraron 26 huesitos el día que identificaron a su Jessica Leticia Peña García, desaparecida  a los 15 años de edad el 31 de mayo de 2010: "el cráneo sólo tenía un cachito, la dentadura no era, la de mi Jessi era muy bonita":
http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2012/02/un-ataud-en-la-fiscalia-con-los-huesos.html

Primera exhumación: es 14 de agosto del 2013. Y lo que Mari García sospechaba, se cumple. Los huesos que enterró hace un año y medio no eran los que ahora le muestran en un féretro enterrado en la arena del desierto.
Pensaba añadir un trocito de huesito que las autoridades le notificaron este mes de mayo que también era de su niña asesinada: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/un-hueso-mas-de-su-hija-jessica-leticia.html
Pero este hueso fue entregado en julio y por confusión a María Jáquez, la mamá de Yanira Fraire, y los restos de Yanira, de también 15 años, fueron incinerados por deseo de la mamá de Jessica Leticia, que pensaba que era el huesito que le notificaron en mayo y que rezaba en una urna las cenizas de otra desaparecida pensando que eran las de su hija: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/07/todo-para-poder-enterrar-su-hija-yanira.html

La mamá de Jessica Leticia pensó que por fin estaba a punto de enterrar otro hueso más de su hija Jessica Leticia, pero sintió ese instinto que sólo sienten las mamás. Que lo que finalmente se enterró en aquel ataúd -que estaban a punto de abrir para añadir otro hueso- no era su hija. Y exigió ver todos los huesos: tampoco esa tumba que rezaba,  ahorrando dinero para tomar varias rutas y arriesgando su vida caminando por calles sin pavimentar ni alumbrado público, era su hija.

Desde que comprobó que lo que enterró no era su pequeña desaparecida a los 15 años de edad, Mari se ha ido derrumbando. La misma mujer que con aquel ataúd blanco -que creyó tener los restos de su hija- que se plantó delante de la Fiscalía para pedir justicia, hoy no se reconoce, entre pastillas para luchar contra la tortura latente de no saber no sólo quién desapareció y mató a su hija, sino de saber que había estado rezando un féretro y, después, unas cenizas que no pertenecían a su hija.

Ahora, que ya han pasado tres meses de la primera exhumación, puede conversar. Acaba de exhumar de nuevo los huesos y está más tranquila. Quizá porque se comprobó lo que su instinto sintió: que esos huesos no son de su hija, según los resultados genéticos.

Hace tres semanas, que la mamá de Jessica Leticia Peña va viendo un poco la luz.  Siente que está más cerca de su hija: en huesos. Parece ser que los restos de su pequeña -que ella reconoció antes de ser enterrada, por esa dentadura perfecta- están enterrados en el estado de Durango. Las autoridades le afirman que fue sepultada en lugar de Lizbeth Avilés García, de 17 años. Y piensa en su mamá, en el laberinto impune de huesos e incógnitas: de tortura prolongada que se enfrentará a vivir.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Entrevista con Israel Arzate Meléndez, libre: el chivo expiatorio en la masacre de Villas de Salvárcar (criminalizado por las autoridades y medios de Chihuahua)

Israel Arzate Meléndez, esperando un avión en el aeropuerto de Ciudad Juárez, tras ser puesto en libertad.


La primera vez que escuché la voz de Israel Arzate Meléndez fue en el altavoz de un celular: avisaba a su esposa de que no había podido presentarse ante el juez, a la audiencia de vinculación del proceso, porque los soldados lo habían sacado la noche anterior de la prisión del Cereso Estatal y lo habían estado paseando por Ciudad Juárez y torturándolo. Querían saber cuál era su dirección y le recordaron que no podía retractarse de la declaración en vídeo en la que se había declarado culpable de la masacre de Salvárcar tras ser torturado.

Fue el 10 de febrero de 2010, poco más de una semana después de que fueran asesinadas 15 personas (trece menores y dos adultos) en una fiesta de estudiantes en la colonia obrera de Villas de Salvárcar. Seguidamente, Arzate me insistió que él era inocente, que confiaba en Dios. La llamada se cortó.

Ya Jessica no está con él, vive con otro muchacho, aunque ha estado al pendiente, al igual que sus ex suegros con los que vivía y el niño que su esposa tuvo de adolescente, al que crió. Esto ha sido lo más duro: "perder a mi familia" en este tiempo de encierro.

Hoy, casi cuatro años después, puede conversar con él viendo sus ojos: después de varias solicitudes de entrevistas que me fueron denegadas por las autoridades del estado de Chihuahua. Israel ya está libre, a sus 28 años de edad.

Esta es una entrevista breve realizada en una pequeña sala de la Policía Federal en el aeropuerto de Ciudad Juárez, en la noche del miércoles 6 de noviembre de 2013: horas después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ordenara su libertad inmediata. La Corte estimó que la confesión de Arzate, obtenida tras treinta horas de tortura, es nula.

Una decisión que no fue aplaudida por las autoridades del estado de Chihuahua que estudian cómo reabrir el caso. Los agentes intentaron llevárselo de la casa donde se encontraba en régimen de arraigo  -custodiado como si estuviera en una prisión, sin visitas, teléfono o una computadora- sin que los oficiales presentaran una notificación. Su defensa, encabezada por el reconocido Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, con sede en la Ciudad de México, la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez y el Centro de Apoyo al Migrante impidió que lo trasladaran. Y fue el juez de Garantía Lorenzo Villar el que tuvo que acercarse para notificarle su libertad. En estos años, Arzate ha pasado de estar en la prisión del Cereso Estatal a estar arraigado en las instalaciones de la Academia de Policía de Juárez porque se venció la medida cautelar para que estuviera encerrado, donde estuvo incomunicado y sin poder salir al patio. Por un amparo ganado se pasó el arraigo a la humilde casa de su mamá, donde estuvo encerrado, custodiado por agentes día y noche.

Israel Arzate Meléndez espera con un bolso mediano y una maleta chica un avión para la Ciudad de México, para reflexionar su siguiente paso. Mañana jueves partirá, ya no hay más vuelos disponibles para esta noche. Le recibirá su mamá Guadalupe Meléndez que viajó al DF para la audiencia de la Corte Suprema.
En el aeropuerto Arzate es protegido por doce agentes de la Policía Federal, muchos menos que los agentes que lo custodiaban mientras estuvo en arraigo. Uno de los oficiales que coordina la operación de resguardo expresa que no está seguro, que necesitan más apoyo. Otro de ellos, afirma desconocer saber a quién resguarda y ni sabe qué ocurrió en Villas de Salvárcar.

Sus hermanos y sobrinos se despiden de él.  La conversación tiene lugar después de salir de la casa donde estuvo detenido durante un año y dos meses. Desde las cinco de la tarde algunos de los familiares de las 15 personas asesinadas y sobrevivientes de la masacre de Villas de Salvárcar han comenzado a reunirse en el memorial y el centro deportivo que el ex presidente Felipe Calderón mandó construir en su honor.

Algunos de ellos, que antes creyeron en la inocencia de Arzate o que dudaron de su culpabilidad como Luz María Dávila, cada vez más triste y abatida por el dolor del asesinato de sus dos únicos hijos: José Luis Piña, de 16 años y Marcos, de 19, piensan ahora que Arzate es culpable. Que hay sobrevivientes que lo reconocieron en aquella noche de horror del 30 de enero del 2010 -aunque cuando a estos se les pregunta con detalle, su seguridad se tambalea con la fisionomía común de Arzate, los cadáveres y la noche-. Y se abrazan a las fotos de sus pequeños mientras exigen justicia.

La principal testigo, conocida como la número 10, cuyo esposo fue asesinado en la masacre, estuvo seis semanas en coma y recibió un balazo en la cabeza, por lo que su declaración no sería confiable desde la psicología forense, según expertos.

"No es médicamente posible que con un trauma de esa magnitud en su cabeza, la testigo número 10 haya registrado en su memoria a Arzate, se inhibe el registro de memorias y puede ser afectada por otros elementos (si se le presenta imágenes o se le hace preguntas con ese objetivo)", afirma el criminólogo Óscar Máynez, ex jefe de medicina forense en el estado de Chihuahua, que renunció a su puesto tras negarse a plantar evidencia falsa a los chóferes apodados como La Foca y El Cerillo: chivos expiatorios acusados de matar a ocho mujeres desaparecidas que fueron encontradas convertidas en cadáveres en el 2001, en un campo algodonero de Juárez.
Los abogados defensores de los inocentes a los que el Estado convirtió en culpables, los incorruptibles Mario Escobedo y Sergio Dante Almaraz, fueron asesinados "por confusión" por policías judiciales.
El juez que siguió las órdenes del entonces gobernador Patricio Martínez (y ahora senador por el PRI y mano derecha del actual gobernador César Duarte) fue José Alberto Vázquez Quintero que desde el mes de octubre es el jefe del Tribunal Supremo de Justicia del estado de Chihuahua.







- Israel, está libre. ¿ Se lo cree?

- No todavía no. Ahorita estoy asimilando lo que estoy viviendo, este cambio. No sé lo que va a pasar mañana ni más al ratito. A la una y media mi hermano fue el que llegó, me dijo que le había hablado mi mamá que ya me habían dado libertad. Ni le creí. No más llegó, me abrazó y me dio la maleta. Ah! caray, ni cuenta me lo esperaba. Yo estaba esperando otra cosa diferente, a como es el gobierno, no, yo estaba esperando que se regresara el caso no más otra vez para acá para Juárez, pero la libertad no esperaba... Estoy contento.

- ¿Qué le puede decir a los que siguen creyendo que es culpable?


- Qué les puedo decir...nada más que yo presenté todas las pruebas de mi inocencia, y ahí quedó demostrado con la Suprema Corte que ni yo estuve, ni participé, ni tuve que ver nada ahí. No sé si me habrán confundido, eso en que las noticias te criminalizan tiene mucho que ver y la gente se hace una idea de lo que mira. Yo entiendo su dolor, pero yo digo que justicia tienen que pedir al gobierno, no a mí, yo me voy a defender, ya me defendí y quedó demostrado que yo no participé.

- ¿Qué ha sido lo más duro de haber sido encarcelado por ser considerado coautor de la masacre de Villas de Salvácar?

- Perder a mi esposa, hijo... pues todo pasa por algo. No los perdí, todavía tengo contacto. Perdí mucho pero gané más, me refiero a mí, en la persona que soy, a valorar todo, a mi familia. Si antes me decían, vamos a pasear, no no... voy a trabajar! Y ahora si tengo la oportunidad de irme con ellos, lo voy a hacer. Lo mejor ha sido las personas que he conocido en este trayecto y me han ayudado. Ya rencor al gobierno, no hay nada, que tanto me han atacado.


- ¿Cómo se sentió cuando los soldados le detuvieron, empezaron a torturarle en el cuartel militar y le decían que era culpable?

- Te bloqueas, uno no siente.  Que va a valer madre, te golpeaban, que firmes, que declares. Si me acuerdo bien de todo, pero ya eso está atrás, ya quedó. Lo que mas temía cuando me sacaban del Cereso eran los golpes, pero ya iba con otra mentalidad, porque matarme no podían hacerlo porque debían de regresarme al Cereso.

- Si le digo un nombre...  el ex presidente de México Felipe Calderón, que prometió detener a los culpables de la masacre de Salvárcar. ¿Qué piensa?

- En parte, él no ni culpa tiene. Él no me detuvo. Él si presionó para tapar el ojo a la gente. ¿Qué le puedo decir? nada. Pues a lo mejor si no hubiera sido yo, hubiera sido otras personas que no se hubiera podido haber defendido y ahorita estuvieran en la cárcel u otra cosa.

- ¿De las autoridades del estado de Chihuahua?

- Ni palabras, todo bien, que se pongan a trabajar, que hagan bien su trabajo.

- ¿Y los soldados torturadores?

-  Pues nada, no hay rencores. Dios los ha de a juzgar, yo no soy nadie para juzgarlos ni perdonarlos, no tengo nada que perdonarlos, allá ellos. Allá su conciencia.

- ¿Teme por su vida?

- No, pues ya pasé por mucho como para tener miedo.

- ¿Qué va a hacer ahora?

- Necesito trabajar.

- ¿Cómo hacía para no derrumbarse?

- Yo digo que por las ganas de salir, de que se haga justicia, es lo que me motivó a mi y a mi madre, esa fuerza lo que nos lanzó a luchar. Lo que no mata, fortalece.

- ¿Qué espera que ocurra ahora?

- Hay muchas personas inocentes, aquí en el estado de Chihuahua. Los jueces si les ordena el superior,  que les dice que lo sentencien, lo hacen sin pruebas, ni nada.  Que les hagan una auditoría para que miren que no más soy yo y son muchas las personas que están ahí. Dios quiera que este sea un paso para que otras personas que se encuentran en algo como yo, encuentren una salida.

- ¿Cuál es su sueño?

- Una cosa que me gustaría mucho hacer es ayudar a gente que está como yo, si se puede. Ayudarles en su lucha, darles palabras de aliento de perdido. Eso si me gustaría mucho ayudar, más por que ya estoy del otro lado, conozco el sistema, las personas, hay gente que está injustamente encarcelada.

- Sus ojos han pasado de brillar felicidad a estar llorosos... y ahora llora. ¿Por qué, Israel?

 - Porque conozco a muchos inocentes. Dicen que en la cárcel y en el hospital conoces a tus amigos, pues sí.

Israel Arzate saliendo por primera vez, ya libre, para dar unas breves declaraciones a los medios. Siete de la tarde.

Arzate, a las siete y media de la tarde,  abandonando el arraigo para encaramarse a un carro que lo llevaría al aeropuerto.

Berta Camacho, Luz María Dávila y Arceli Medrano protestando por la liberación de Arzate.  " Es una burla", asegura Luz María Dávila, con la foto de sus dos únicos hijos asesinados.  


**** Si quieres saber más del caso:

 Tortura para fabricar culpables y resolver rapidito una masacre: http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/11/tortura-para-fabricar-culpables-y.html

"Me torturaron para confesar", reportaje en PDF:  https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=gmail&attid=0.1&thid=12e536194b780c2f&mt=application/pdf&url=https://mail.google.com/mail/?ui%3D2%26ik%3De93b4aa23c%26view%3Datt%26th%3D12e536194b780c2f%26attid%3D0.1%26disp%3Dsafe%26realattid%3Df_g5rn2ltm0%26zw&sig=AHIEtbQqRv_dVXNJGRnuik829XgaN7FHZg


Varias notas más del caso de Israel Arzate y de la masacre de Villas de Salvárcar sumergiéndote en este blog.

Las organizaciones defensoras de Israel prepararon un documental:  http://vimeo.com/77810822


martes, 8 de octubre de 2013

El alcalde de Juárez y ella: sobreviviente de las balas (de los policías municipales de Julián Leyzaola)




El guarura bien cuadradote, de los que se creen bien chingones. La empuja. Le cierra el paso. Y ella se traga el terror que sabe a balas: de las autoridades. Teto Murguía (PRI) surge entre la multitud. Como si fuera una estrella de música norteña. El alcalde saliente de Juaritos sonríe a sus seguidores que le aclaman con cartelones: "Gracias por las despensas", "Teto te queremos". A unos pasitos de subirse al escenario del gimnasio del Colegio de Bachilleres para mostrar lo más chidote de los tres años de su gobierno.

Ella lo intenta: que él la vea, que le atienda un tantito. No quiere sus saludotes. Se apoya en un bastón: para poder caminar con una pierna que va perdiendo movilidad desde la noche del 24 de mayo en la que el alcalde inauguraba el monumento de la Equis para cambiar la imagen de violencia de Juárez y en la que surgió la realidad: casi la matan los policías municipales. No se inquieta ante el escolta. Está acostumbrada a lo peor: a las balas de las fuerzas de seguridad incrustadas en su matriz sintiendo cómo le era arrebatado el bebito que esperaba: no podrá tener más hijos.    http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/angel-damian-el-nino-que-no-nacio-o.html



María de los Angeles Morales siente que ahora es su última oportunidad para exigirle justicia a su alcalde,  el empresario Teto Murguía y a su suboordinado, Julián Leyzaola. En unas horas concluirán sus mandatos. Desenfunda su coraje y unas cartulinas de color naranja y blanco con las que denuncia el ataque que sufrió de los policías municipales dirigidos por Julián Leyzaola: el ex militar inhabilitado por ocho años para ejercer cargos públicos en el estado de Baja California. Las violaciones de derechos humanos mientras cumplía un cargo similar en Tijuana, le persiguen.

- "Si no baja esos cartelones, se los voy a quitar... y la voy a echar", le amenaza el guardaespaldas.

- "Ella es periodista", le increpa María de los Angeles mirándome.

 Y él me observa.

- Joven, una pregunta. ¿Por qué le va a retirar los cartelones?

No me contesta. Mi grabadora surge a un ladito de su rostro.

E insisto:

- Discúlpeme, me gustaría entender un poquito qué está pasando. Estoy viendo que hay varios cartelones a favor del alcalde ¿Sería tan amable de explicarme por qué va a quitar el único que le exige justicia? ¿por qué está empujando a la señora impedida? ¿está cometiendo algún delito, que yo desconozca?

Ni modo. No me contesta. Pero tampoco cumple con sus advertencias intimidatorias. Pero los guardaespaldas empiezan a rodearme también a mí.

Primero llega el gobernador, no alcanzo a preguntarle. Cuando está pasando el alcalde puedo deslizar mi brazo entre un guarura al que le supero en estatura y situar la grabadora sobre su bocaza:

- Señor alcalde, ¿me permite una pregunta?

- Sí, dígame, dice todo sonriente.

- Usted finaliza mañana su mandato, ¿cómo va a asegurar que se haga justicia en el caso de María de los Ángeles Morales baleada por los policías municipales el día de la inauguración de la Equis?

- No la escucho, no la escucho, no la escucho...

Y el Teto se me va a la carrerorota.

Me despido de María de los Ángeles, que se sienta enfrente del alcade, con sus cartulinas, pero a varios metros de distancia.

"Me da como enojo, coraje, impotencia, tristeza. Mucha tristeza porque siento que no van a hacer nada, que se va a quedar todo así, nada más", dice María de los Angeles, nacida en Irapuato, Guanajuato hace 30 años, que emigró a trabajar en una fábrica maquiladora a los 15 años de edad. 

"A los policías sólo los van a acusar por abuso de la autoridad, los altos mandos bloquearon todo. Por un momento me dio miedo (venir) pero me dije a ver si se atreven de hacerme algo aquí delante de toda la gente. Si algo me pasa, se lo responsabilizo a Teto (alcalde) y al Leyzaola (jefe policía)".





La música de la Sonora Skándalo suena en directo. Son tantos los integrantes que ocupan dos filas de las gradas en la parte superior del gimnasio donde están sentadas familias pobres, desde niños a abuelas. En el escenario, el alcalde con su equipo de gobierno y el gobernador César Duarte, entre otros mandatarios. Abajo, los invitados especiales, la mayoría hombres del mundo empresarial y políticos cercanos al PRI con traje y corbata. Están sentados como viven: en la profunda desigualdad social de esta ciudad de fábricas maquiladoras de capital extranjero donde sólo el 25.3 por ciento de la población no es pobre, según datos de El Colegio de la Frontera Norte (Colef).






El ambiente es de fiesta. Afuera del recinto, está la Banda Jerezana: una de las sorpresotas de la ceremonia de presentación del tercer informe de gobierno con un costo de más de 4.5 millones de pesos de fondos públicos, casi el doble que en el segundo de 2.9 millones.

Las luces se apagan. Y un vídeo de alta definición, como las pelis del cine, comienza a contar los logros de los últimos tres años de gobierno del alcalde Teto Murguía. Lo hace con música de acción, de intriga y éxito.
De las imágenes de horror y violencia se pasan a unas soñadas: donde Juárez se asemeja a la armoniosa Luxemburgo, pero sin el paisaje verde. En esta ciudad de desierto lo más verde en estos años han sido los uniformes de los soldados enviados por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra con el narcotráfico que dejó a más de 10 mil 300 personas asesinadas en la impunidad.

En la mayor parte de la publicidad política se destaca la labor de la policía municipal de Julián Leyzaola, donde los agentes son "héroes a los que le debemos los juarenses la tranquilidad que hoy disfrutamos". Eso sí, no hay ninguna alusión a las desapariciones perpetradas por la policía, ni a sus asesinatos, violaciones y otros abusos a la población (joven y pobre). Tampoco, a que la relativa calma ha llegado porque un Cártel, el de Sinaloa, ha ganado la codiciada plaza de Juárez, del paso de las drogas que van llegando desde Colombia para sus consumidores en Estados Unidos.

Los aplausos se hacen interminables cuando Teto, el alcalde, aparece en unas imágenes repartiendo uno de los "400 mil pollos" entregados en Navidad "que llevaron esperanza" a los más pobres.
La política de limosna del PRI continúa con las "8 mil despensas de comida, cobijas para 125 mil personas, pista de hielo durante 45 días".
Cuando le llega el turno a una de las obras emblemáticas del alcalde, el monumento de la Equis -una idea de empresarios realizada con fondos públicos- se expone con detalle el significado del monumento y se obvia el costo total que hace unos meses se estimó que fue de más de 117 millones de pesos mexicanos.

El vídeo continúa y a veces es tan de ciencia ficción que es cuestionado hasta por los llamados acarreados: personas de bajos recursos que han sido llevadas en rutas hasta el informe con la promesa de que conocerían al alcalde, se divertirían con la música y comerían un refrigerio.

"Pues que vaya por mi casa. El drenaje sigue mal y ahí se juntan hierbas, animales. Nos duele la garganta, los drenajes son lo que tenemos problema en la colonia Kilómetro 20.  No más estamos agradecidos con él, pero a ver si un día alguien nos escucha y nos ayuda", dice Juana Angélica Chávez, una trabajadora de una maquila, de 41 años.

También disiente Jorge Carrillo de los logros que el alcalde está mostrando en su tercer informe. A pesar de que se confiesa votante del PRI desde hace diez años, este chófer de ruta asegura que en las calles de su colonia no hay pavimento, sino "terracería" (arena del desierto). Y continúa la mayor parte del informe diciendo  "no es cierto" a cada uno de los llamados éxitos de Teto.



Para cuando comienza con su discurso el alcalde -acompañado de tambores de adolescentes que lanzan porras- la mitad de las gradas están vacías. El ambiente se asemeja al de una función de lucha libre, donde se pelean los aplausos, los gritos. Después, el gobernador. Fin del tercer informe, del gobierno municipal de Teto Murguía. Y los que aún quedan en las gradas superiores salen en estampida a por la última recompensa de la noche: los hot dogs y sodas.




Filas interminables de familias enteras. Huele a comida, gratis. La música de la banda Jerezana suena, pero pocos se animan a bailarla. Primero, a comer. Y los casi veinte integrantes, interpretando sus éxitos, con trajes bien coloridos. A las 11 de la noche, comenzarán a salir las rutas especiales de regreso a sus hogares en una ciudad con un pésimo y casi inexistente transporte público. Muchas de las familias me comentan que perdieron de nuevo todas sus pertenencias por unas horas de lluvia durante tres días: en una ciudad donde tampoco este alcalde ha considerado que es una prioridad tener drenaje pluvial: es mejor que se inunden en las zonas más pobres y después, darles cobijas (y tomarse la foto).




Para entender por qué estas personas tan olvidadas por las autoridades son capaces de hacer presencia en un acto político y estar ovacionando al alcalde,  hay que escuchar al señor Carrillo: "es irse uno a distraer, casi uno no sale de la casa".




Los estacionamientos están llenos: de ruteras. La mayoría de los asistentes han sido acarreados por la secretaría de Desarrollo Social del municipio. Son pasadas las nueve y cuarenta de la noche y me encaramo en mi carro. Unos dos minutos después, nada más llegar a la Avenida Tecnológico me doy cuenta que hay dos trocas que están detrás de mí.  Con sus luces y sirenas. Pienso que son agentes de tránsito y pienso que debería detenerme, pero no sé en dónde.

La troca de atrás casi me choca y no me deja ir ni para la izquierda ni para la derecha. Se mueve al mismo ritmo que yo, que intento salirme de la carretera. Y en esto, la otra troca me intenta rebasar y se pone al lado de mi copiloto, sin rebasarme, acompañándome en el camino. Y veo que son dos unidades de la policía municipal. A la altura del centro Comercial Soriana San Lorenzo puedo ya salirme. La señora que atiende el estacionamiento, ya casi vacío, me pregunta qué onda, qué pasó, si estoy bien. "Estos polis manejan de la patodota", le digo.  Quiero pensar en eso. Se percina y me da las buenas noches. Nos despedimos con una sonrisa tímida.