martes, 8 de marzo de 2016

Otro 8 de marzo buscándolas o cómo en este Día Internacional de la Mujer se cumplen 5 años desde que Gabriela Espinoza Ibarra desapareció

Algunas mamás de niñas y jovencitas desaparecidas en Ciudad Juárez conmemoran el Día Internacional de la Mujer con una protesta en la Fiscalía, bajo el símbolo del gobierno estatal del PRI, "Chihuahua Vive", una campaña gubernamental en respuesta a la realidad de desapariciones y asesinatos bajo el imperio de la impunidad. @JudithTorrea

La temperatura bajó y el azulote del cielo dejó paso a nubarrones: en uno de los pocos días del año en el que los rayos de sol no sorprenden con toda su fuerza, como ocurre incluso en el frío invierno del desierto juarense.

En esta ciudad donde por veintiún años siguen desapareciendo niñas y jovencitas, donde las madres lloran a sus hijos asesinados en la llamada guerra contra el narcotráfico y otras muchas se han convertido en esperanza obligada para los 14 mil niños huérfanos de la guerra, la celebración del Día Internacional de la Mujer parece mostrar los matices de los grises: hasta en el firmamento.

Dos chavas bailan. Contornean su vestido blanco como un abanico que destella esperanza. Lo hacen al son jarocho -baile típico del estado mexicano de Veracruz-, entre las lágrimas y las sonrisas de unas mamás de desaparecidas que se han congregado en la puerta de la Fiscalía Especializada en Atención de Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género.

Intentan recordarles a las autoridades que las desapariciones y los feminicidios no son "una leyenda negra que aprovecharon empresarios y promotores extranjeros para echar tierra a este municipio, con el propósito de evitar que las fábricas se instalaran en una urbe que competía favorablemente con países enteros", como afirmó Enrique Serrano, el que fuera alcalde de Ciudad Juárez hasta diciembre cuando pidió una licencia para buscar la candidatura por el PRI a la gobernatura del estado de Chihuahua.


Ninguna autoridad de la Fiscalía salió para conversar con las mamás, sólo un joven de la Fiscalía que, sin presentarse y enfundado en un traje, comenzó a fotografiar a todos los presentes. @JudithTorrea

Algunas mamás, como Juanita Ibarra,  de 46 años, ven en a esas dos jovencitas danzando el rostro de sus hijas desaparecidas. Hoy Juanita descansa de su nueva chamba en una fábrica maquiladora: ensambla arneses para carros, desde las tres y media de la tarde hasta las doce y media de la noche. Por 500 pesos (unos 30 dólares) a la semana. Regresa a la madrugada a su casita, en una rutera para después caminar -por calles sin pavimentar y carentes de alumbrado público- buscando la luz de la luna y las estrellas.

Cuando su hijo mayor tenía 9 años de edad, Juanita aprendió a leer y escribir. Tenía 27 años. Después, esta madre de cinco, se graduó de la prepa con una puntuación de 9.8, de un máximo de 10.
 "Sentí mucha emoción, nadie te hace tonta. Hasta entonces, no sabía qué decía ahí o en la tienda, no más preguntaba".
Ahora, con diecinueve años más, emplea sus conocimientos para buscar a su hija Gabriela Espinoza Ibarra, que desapareció un 8 de marzo de hace cinco años: http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/03/huyo-de-la-violencia-de-juarez-y-su.html

En el ranchito de Santa Rosa, en el estado de Coahuila, cercano a la población de San Pedro, Juanita aprendió desde niña a quitar el algodón de la mata.

"Vengo del campo, de sufrir, descalza, sin comer, sin estudios", dice.

A los 17 años emigró a Ciudad Juárez para trabajar en una fábrica maquiladora. Aquí conoció también a un amor que le golpeaba desde su primer embarazo, a los 18 años, y del que enviudó cuando su ahora hija Gabriela Espinoza, desaparecida, tenía 2 años de edad. La misma realidad de violencia doméstica comenzó a padecerla su hija desde su primer embarazo a los 15 años de edad y viviendo en la casa de la madre de su compañero maltratador.

Gabriela tenía 19 años cuando desapareció hace cinco. De pronto, su niño Luis Leonardo, de 2 años y Karen Gabriela, de 3, aunaron a su incipiente vocabulario palabras que un niño nunca debe de conocer entre los lloros por su ausencia. Esta madre soltera vivía con unos tíos tras haber huido de la casa familiar del padre de los niños, el policía de tránsito Omar Flores Téllez.

El 7 de marzo, la joven madre fue a buscar a trabajo en la zona centro y lo consiguió en la tienda Vesticentro. Al día siguiente, salió a comer a las 2 de la tarde y ya no se supo más de ella. Las últimas llamadas que recibió Gabriela en su celular fueron las de su ex compañero, según pruebas en posesión de la Fiscalía. Le marcaba y le iba guiando hacia dónde dirigirse, en qué ruta. Sin embargo, estas pistas no sólo no se han tenido en consideración en la investigación para dar con el paradero de Gabriela, sino que al policía y ex pareja maltratadora de la desaparecida se le premió con la custodia de los niños. Juanita lucha por recuperar a sus nietos, a los que la ex pareja de su hija le niega todo contacto.

"La justicia no sirve para nada, qué le hicieron a Marisela Escobedo, qué justicia tenemos allá dentro", dice Juanita recodando el caso de Marisela, que acabó asesinada igual que su hija Rubí, calcinada por su pareja Sergio Barraza Bocanegra, que fue exonerado del crimen y puesto en libertad: http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2010/12/si-protestas-te-matan-marisela-escobedo_17.html

"Estaban separados y tenía como una obsesión por ella, que no era de nadie más. Insultó mucho a mi hija, me la golpeaba. La trataba muy feo, la humillaba y cuando ella daba el pecho a sus hijos, se ofendía", recuerda la madre de Gabriela Espinoza.




Juanita Ibarra pega pesquisas de su hija desaparecida en la puerta de la Fiscalía que se encarga de buscarlas. Actualmente, hay más 112 niñas y muchachitas desaparecidas en Ciudad Juárez, algunas desde más de dieciocho años hasta otras mucho más recientes. @JudithTorrea

 Esta mañana su hijo de 13 años se enfermó y tuvo que ir a por él a la escuela. Después, recogió a su chiquito de 8 años. Intenta centrarse en otras cosas, hasta que le azota la tortura de la espera.

"Sientes una soledad, un hueco vacío, por qué me la quitaron si nada les hice. No más pido a Dios que me la devuelva. Cuando estoy sola lloro, que no me miren mis hijos. Los primeros años no quería vivir, yo me sentía que yo tenía la culpa, porque aquí la dejé (cuando no pudo convencerla que abandonar Ciudad Juárez por la violencia, junto a sus padres y hermanos)".

Desde hace un mes, sonríe un poquito más en su rostro siempre serio. Su hijo le ha dado un nieto, que se llama: Iker (por Casillas, el portero español del que su padre es un gran seguidor) y Gabriel (por su tía desaparecida).

"Se me hizo bonito el nombre, Iker Gabriel, para un bebé inocente como mi hija".


jueves, 25 de febrero de 2016

La sonrisa de Lisania, una cubana recién llegada a Ciudad Juárez para cruzar legalmente a EE.UU

Lisania Maday Miranda Prieto, desciende del autobús que le recibió en el aeropuerto -cortesía de las autoridades mexicanas- para  llegar al puente fronterizo de Santa Fe por el que caminará a El Paso, EE.UU, país que le garantiza por ser cubana su permanencia legal y beneficios hasta que obtenga el premiso de trabajo y la residencia. @JudithTorrea

Acaricia con ternura su tripita. Está embarazada de ocho meses y medio. Su primer hijo, nacerá en Estados Unidos. Lisania Maday Miranda Prieto es cubana. Y se prepara, con una sonrisa, para cruzar hacia el otro lado de la frontera.
Hasta el mes de noviembre -cuando salió de su tierra- era mesera en una cafetería de La Habana. Apenitas hace dos horas que arribó en un avión especial a Ciudad Juárez. Con otros 144 cubanos (30 mujeres, 5 menores, 109 hombres). De Panamá.

En frente de ella, está el puente de Santa Fe por el que caminará hacia El Paso, Texas con sus compañeros de sueños, que conoció mientras esperaba en Centroamérica un acuerdo entre Panamá y México para poder llegar a Estados Unidos, y que finalmente se puso en marcha el 23 de febrero para todos los cubanos que se habían quedado varados en aquel país. Estos cubanos en tránsito hacia EE.UU estaban esperando salir desde que el 15 de noviembre Nicaragua -país aliado de Cuba- cerrara las fronteras.

Su esposo sólo puedo llegar hasta Costa Rica, como otros 7. 801 cubanos que viajaban desde Ecuador por vía terrestre y que también se quedaron varados.
La inmigración de cubanos se ha intensificado tras el restablecimiento de las relaciones entre EE.UU y Cuba, por el temor que tienen a que se suprima la Ley de Ajuste Cubano -que desde 1961 otorga la residencia estadounidense a los cubanos que la solicitan al llegar a EE.UU-.

Los tres meses de espera incierta en Panamá ya son historia en la vida de Lisania. Y sólo piensa en situaciones hermosas que le esperan, aunque nadie le espera en Estados Unidos. Dice que quiere ir a Miami, aunque tampoco tiene familia.

Los agentes de migración mexicana reciben a los cubanos abriéndoles un paso especial. Todos tienen un permiso de visitante por razones humanitarias que les han entregado las autoridades migratorias en Ciudad Juárez. Ninguno de los recién llegados pagan los habituales 4 pesos mexicanos para cruzarlo.


En unos diez minutos, la cubana Lisania Maday Miranda Prieto cruzó el Puente de Santa Fe, en Ciudad Juárez, México, y pisó por primera vez tierra estadounidense, en El Paso, Texas, tras tres meses varada en Panamá. @JudithTorrea


Lisania, de 26 años, va subiendo el puente fronterizo a paso ligero. Por debajo, está el Río Bravo, llamado Grande en Estados Unidos. Es el río fuertemente vigilado en esta zona de la frontera, que muchos intentan cruzar corriendo o a nado, pero que pocos alcanzan su destino -porque son deportados en el intento o mueren- para convertirse en inmigrantes indocumentados en EE.UU.

Atrás va dejando las casitas semidestruidas del centro de Ciudad Juárez para comenzar a ver rascacielos y edificios cuidados de El Paso. Las filas para los que cruzan en vehículos son largas, pero apenitas hay mucha gente que lo hace caminando. Unas cuarenta personas esperan poder mostrar a los agentes sus documentos migratorios estadounidenses para poder pasar la frontera a comprar, estudiar, trabajar, viajar, entre otras actividades.

Al finalizar el puente, la agente de migración que acompaña a los cubanos les acomoda en una fila especialmente habilitada por las autoridades estadounidenses para los cubanos recién llegados. Éstos cruzan a Estados Unidos con los documentos que les entregan para regularizar su situación migratoria.

Lisania apenitas alcanza a despedirse con una sonrisota y me comenta que el niño que espera en unos días se llamará Mateo.

La cubana Lisania Maday Miranda Prieto (con bolso) entrando a las instalaciones de las autoridades migratorias estadounidenses que se encuentran al bajar el puente.  En unos minutos más, podrá entrar legalmente a EE.UU. @JudithTorrea 

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Al Papa le faltaron agallas, ganas o no lo dejaron en Juárez"; o cómo Francisco dejó en último plano en Juárez las desapariciones y feminicidios, la tragedia que el gobierno de México intenta ocultar


El Papa Francisco denunció los temas claves de un México herido como nunca se ha atrevido ningún Papa y  menos un jefe de estado como él lo es del Vaticano. Ofreció soluciones para reconstruir un país con esperanza pero azotado por la desigualdad social, la opresión contra los pobres e indígenas, la corrupción, la explotación laboral, el narcotráfico y la violencia. Pero en una Juárez que sufre las desapariciones de niñas y feminicidios por más de veintiún años, esta tragedia la nombró en una sola frase y una palabra. Así vivieron su visita los que esperan una noticia para encontrarlas vivas y justicia:  


Estas fotos de las mamás de las desaparecidas las tomaron ellas.  El celular no funcionaba en el recinto acondicionado para la misa del Papa Francisco, así que no pude localizarlas. Les pedí permiso para publicar sus fotos en esta entrada de mi blog. Gracias!/@CortesíaMamás

Anita Cuéllar sabe lo que es la espera. Cuando comenzó hace cuatro años a recorrer las iglesias de Ciudad Juárez para rogar que en las peticiones de las misas se nombraran a las desaparecidas (como es habitual con enfermos o personas fallecidas, entre otros) empezó a cuestionar su iglesia católica, de cuya religión es ferviente devota.

Lo más desesperanzador fue escuchar a algunos sacerdotes cómo en plena eucaristía ordenaban a las mamás de desaparecidas que retiraran las mantas que colgaban de sus cuerpos con el rostro de sus hijas o las culpabilizaban de la desaparición de sus hijas, siguiendo el discurso de las autoridades.

En la Catedral de Ciudad Juárez, en las misas oficiadas por el vicario, el padre Fernando Valle protagonizó desde el altar algunas de estas situaciones, que pude observar. Las madres lloraban por su reacción pública tras haber acudido a rezar para encontrar a sus hijas con lo poco que les queda de ellas: sus fotos.

"Hay padres que ya han perdido la fe, porque la misma iglesia nos ha volteado la espalda", asegura.

Las estadísticas acompañan el pensamiento de esta mamá. Si hace diez años el 82 por ciento de la población de Juárez era católica, ahora lo es un 69 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI). En esta ciudad de poco más de un millón 300 mil habitantes se profesan 170 doctrinas, donde van ganando terreno los evangélicos, que han sido más activos a la hora de ayudar a personas más vulnerables.

Anita tiene 49 años y cinco hijos. La mujer de voz dulce que vende productos de belleza por catálogo para poder poner pesquisas de su hija por toda Juárez, lleva 4 años esperando saber dónde está su hija, qué pasó con su pequeña.

Jessica Ivonne Padilla Cuéllar desapareció a los 16 años de edad, cuando fue a buscar trabajo a la zona centro.

Es una mujer de profunda fe y esperanza. Desde el 12 de diciembre, cuando el Papa Francisco confirmó públicamente que viajaría a Ciudad Juárez, ha intentado con varias mamás ver cómo lograban reunirse o, al menos, acercarse a él. Lo necesitaba su fe para no derrumbarse y su lucha, para que las autoridades le entregaran a su hija viva y no en un pedacito de huesos, como les ha ocurrido a todas las mamás de desaparecidas en Juárez en los últimos veintiún años de desapariciones de niñas y jovencitas.

Esperó con mucha alegría a que llegara el día de hoy, miércoles 17 de febrero. Salió de su casita temprano. Anita estaba enferma de su estómago y un poquito débil de salud, pero feliz.
Caminó por las calles de arena de desierto de su colonia, la azotada López Mateos, para poder tomar una rutera vieja (el transporte público pésimo y limitado) que le dejara lo más cerquita posible de El Punto: un terreno nombrado con este apelativo para la ocasión, que colinda con el río y la malla fronteriza que separa México de Estados Unidos donde se construyó un altar para celebrar la misa oficiada por el Papa Francisco.


Miles hicieron filas esperando durante horas poder entrar al recinto donde se encontraba el altar. Más de 5 mil soldados y federales se desplazaron hasta Juaritos durante los días previos a la visita del Papa./ @JudithTorrea


Al intentar pasar el acceso de seguridad hacia el terreno, un agente le advirtió que no podía hacerlo con la camiseta que portaba, que la misa no era una manifestación. La camiseta tiene el rostro de su hija desaparecida.

"Para mí, sí es una manifestación", les imploró. "Les prometo que no voy a hacer escándalo. Estoy aquí porque tengo a mi hija desaparecida, porque soy católica y necesito la bendición del Papa".

Y la dejaron pasar.

A través de un sacerdote, consiguió una treintena de los codiciados boletos para que algunas de las mamás de las 89 niñas que están reportadas actualmente como desaparecidas, pudieran asistir a la misa. En la zona roja C3, sentada con varias mamás de desaparecidas, en una de las últimas de las 21 mil sillas de las más de 200.000 personas que habían sido invitadas.



Aquí podéis ver cómo el Papa Francisco, acompañado por el Obispo, ofrece en la cruz sus rezos silenciosos por los inmigrantes que mueren huyendo de la pobreza y la violencia. La vigilancia fue máxima, al fondo la plataforma que se levantó en EE.UU por seguridad./@JudithTorrea
El Papa Francisco caminó por un sencillo montículo coronado con una cruz levantado en apenitas una semana para ofrecer un ramo de flores blancas y rezar pidiendo un minuto de silencio por todos inmigrantes que mueren intentado cruzar hacia Estados Unidos. Lo hizo antes de comenzar una misa binacional, que sería seguida por más de 30 mil fieles del otro lado de la frontera desde el estadio de fútbol americano Sun Bowl, en El Paso, Texas.

Saludó a la multitud congregada al otro lado del Río Bravo, llamado Grande en Estados Unidos, bajo la mirada vigilante de los agentes de la patrulla fronteriza. Por ser el cruce más vigilado de la frontera es el de menor flujo para la inmigración sin papeles pero es, a la vez, el principal cruce de las drogas que viajan desde Colombia y otras zonas de Latinoamérica para que lleguen a los consumidores de Estados Unidos.

El primer gesto de Papa había comenzado, gestos sencillos y poderosos, mirando hacia un país que está en pleno debate para elegir a los candidatos que optarán a las elecciones presidenciales -en donde destacan extremistas en temas de inmigración como los republicanos Donald Trump y Ted Cruz- y que cada día deporta a inmigrantes indocumentados hacia México, centenares de ellos los deja varados en Ciudad Juárez.

 Su último acto en México, tras su gira de seis días por varias ciudades del país cuestionó fuertemente al poder político y al clero (aunque obvió directamente un tema al que en el pasado se había referido con contundencia y rechazo: la pederastia y los abusos sexuales que cometió el fundador de los Legionarios de Cristo, el padre mexicano Marcial Maciel, entre otros sacerdotes).


Francisco denunció los temas claves de un México herido como nunca se ha atrevido ningún Papa y  menos un jefe de estado como él lo es del Vaticano. Ofreció soluciones para reconstruir un país con esperanza pero azotado por la desigualdad social, la opresión contra los pobres e indígenas, la corrupción, el narcotráfico y la violencia.

Nunca había estado en una prisión como ésta. Sin duda, con condiciones más duras que las de los reos en la cárcel de mayor seguridad del corredor de la muerte de Hunstville, Texas, en donde he entrevistado durante varios años a diversos reos./@JudithTorrea

Estrechó su mano a reos de la prisión del Cereso estatal número 3, donde sigue controlado por el crimen organizado. En él están encarceladas personas pobres que canalizaron la falta de oportunidades en adicción a las drogas y violencia. Muchas de ellas son inocentes convertidos en culpables. Yo no pude asistir a este evento, sólo pude acceder a la misa, pero aquí os muestro la foto que tomé en el área de máxima seguridad meses después de producirse un motín donde murieron veinte prisioneros en una reyerta  para que os hagáis una idea del espacio que no se vio en la visita del Papa:  http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2009/11/tranquilidad-tras-20-prisioneros.html

El Papa les pidió a los reos que "hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión" mientras cuestionó el sistema de encarcelamiento alejado de la rehabilitación.


Sostuvo un encuentro con empresarios, gerentes de las fábricas maquiladoras y políticos donde los sacudió con mensajes como:

"¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral o de tráfico de trabajo esclavo?".

"Esta pobreza y marginación es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia. No se puede dejar solo y abandonado el presente y el futuro de México".

"Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro, que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía.... que va a transformar en una cultura capaz de promover espacios dignos para todos".



Recorrió las avenidas principales de Juaritos que, durante la llamada guerra contra el narco del ex presidente Calderón, fueron escenario de asesinatos impunes (más de 11 mil en cinco años que dejaron a más 14 mil niños huérfanos) y que fueron acondicionadas con pintura y brea para cubrir los enormes baches antes de su llegada: en una ciudad donde el 40 por ciento de las calles son caminos de terracería y arena del desierto.


@JudithTorrea


Cuando Francisco llegó al punto donde celebraría la misa poco después de las 4 de la tarde, lo llevaron muy rapidito en su vehículo sin que hubiera oportunidad para estrechar su mano con los fieles. Estos lo habían esperado durante varias horas con sed (se prohibió hasta la entrada de botellines de agua) y bajo ese sol de desierto que quema. Tampoco pasó por el pasillo más cercano al área que fue asignada para varias mamás de niñas desaparecidas, en la última zona con sillas, la roja C3.



@JudithTorrea


La primera zona fue ocupada por autoridades,  constructores y empresarios con sus familias. Delante de ellos,  se improvisó una hilera con niños enfermos y con capacidades diferentes, algunos de ellos escogidos al azar entre los que esperaban bajo el sol del desierto donde se batió el récord de calor, 29 grados centígrados, en pleno invierno.



El Papa Francisco, al fondo, en el altar oficiando la misa junto a más de 300 sacerdotes./@JudithTorrea
En la homilía comparó a Juárez con Nínive, la capital de Asiria (cercana a la actual Mosul, en Irak), el reino más poderoso del mundo en el año VIII antes de Cristo. "Una ciudad que se estaba autodestruyendo fruto de la opresión, de la violencia y de la injusticia", y a la que el profeta Jonás fue enviado para alertar de lo que pudiera ocurrir y se salvaron.

Como él, el Papa llegó a una ciudad dolor que fue considerada la más peligrosa del mundo. Donde no se han solucionado las causas que la provocaron. Continúan los asesinatos, aunque en menor medida, y las desapariciones. Sufre todas las consecuencias de la llamada guerra contra el narco en un clima de impunidad, que dejó más de 11 mil personas asesinadas en cinco años y más de 14 mil niños huérfanos; realidades que las autoridades olvidan en su propósito de cambiar la imagen de la ciudad antes que su realidad:http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2016/02/borran-cruces-simbolo-del-feminicidio-o.html

Francisco señaló que la injusticia se radicaliza entre los más jóvenes, que se convierten en carne de cañón perseguida cuando tratan de salir de la espiral de violencia.

 El tema central de su homilía fue la inmigración, como problema global.

"No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas".

"Esta crisis que puede medirse en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias".
"Son la pobreza y la violencia -del narcotráfico del crimen organizado- las que expulsan a hombres y a mujeres".
"Los vacíos legales tienen una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres".

"Esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio del tráfico humano".  "!Y qué decir de tantas mujeres a quienes les han arrebatado el don de la vida".

En una ciudad que sufre las desapariciones de niñas pobres y feminicidios desde hace veintiún años, éste fue el único momento a las que se refirió a esta tragedia, junto con otro en el que nombró la palabra "desaparecidos": una realidad que los tres niveles de gobierno ha querido ocultar durante décadas pero que revivió al cuestionarse internacionalmente a las autoridades mexicanas por la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa (Guerrero), que forman parte de la cifra oficial de 27 mil 659 desaparecidos desde el 2007 hasta diciembre del 2015, según datos oficiales. Las cifras de diversas organizaciones quintuplican esta cifra.

Fieles participando en la misa del Papa Francisco en Juárez. Al fondo, la montaña de El Paso, Texas./@JudithTorrea
Anita Cuéllar "esperaba mucho más, la verdad". Al menos, unas frases más.

"En lo espiritual me deja satisfecha sólo el hecho de haber estado ahí. Me tocó comulgar. Se esperaba que les diera un buen jalón de orejas al gobierno para que ponga fin a lo que ha pasado", afirma la mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, desaparecida a los 16 años.

"A mi la fe no la fortaleció mucho mi Papa. Me quedo con lo que yo soy, pero sí hay algunas personas que no tienen esa fe tan arraigada, salieron diciendo que no sirve de mucho esta visita. Todo el mundo (las víctimas) esperaba que fuera más contundente con la realidad de desapariciones, asesinatos y feminicidios que estamos viviendo en Juárez. Al Papa le faltaron agallas, ganas o no lo dejaron en Juárez", recalca.

Anita sintió que el Papa "estuvo controlado por el político, donde ni siquiera el Papa, que es la máxima autoridad espiritual sobre la tierra, pudo Ciudad Juárez respetar. Fue prácticamente un fraude. Porque lo manipuló una vez más el gobierno, donde les quitó este espacio a personas víctimas de violencia".


Silvia, mamá de Fabiola Janeth Valenzuela Banda desde el espacio que le asignaron para seguir la misa./@CortesíaMamás

Silvia es la mamá de Fabiola Janeth Valenzuela Banda, desaparecida a los 18 años de edad un 23 de agosto de 2010. Tiene 42 años y es madre de cinco hijos. Las autoridades le entregaron hace cuatro años unos huesos que nunca vio. Pide una exhumación porque siente que lo que enterró no es su hija y madre de su nieto (como les ha sucedido a otras mamás de desaparecidas, que recibieron huesos pensando que eran los de su hija, pero no era).

"A veces pienso que estoy pecando, diciendo lo que siento,  que no fue como en Morelia o en Chiapas. En Juárez pasó bien recio, hubo pasillos donde él pudo saludarnos, darnos la mano y no lo hizo. Las palabras fueron muy bonitas escucharlas y en sí no nos dijo una palabra de aliento para nosotras. Habló y pluralizó todo, y tal vez yo sentí mal, que nos iba a dar un mensaje una bendición para darnos más aliento y seguir esperando".

"Si el Papa se prestó, entonces ¿a quién recurrimos, si no es a él a quién siempre le pedimos, le rezamos? ¿Por qué con los presos (además de los políticos) sí tuvo tiempo de saludarlos? Algo pasó en Juárez, tal vez algo le hayan dicho. Quizá estaba esperando a que nosotras nos levantáramos e hiciéramos algo, y por respeto no quisimos".

Varias mamás, al menos cinco, tuvieron menos suerte que ellas, como miles de personas que se quedaron sin poder acceder a pesar de poseer los boletos que se habían distribuido gratuitamente por las iglesias. Y ni tan siquiera pudieron entrar al recinto donde se celebraba la misa. A pesar de que acudieron para las 11 de la mañana al recinto, sus asientos estaban ocupados. En la zona roja C3, un agente señaló que el gobierno había duplicado los boletos, mientras al menos trescientas se quedaron sin acceder por aquel acceso.

"Vine con esperanza, no más esperando la bendición y pedirle fuerza. No puede ser que el gobierno no nos permita el acceso a nuestra fe", comenta Marta, mamá de la pequeña Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida a los 14 años de edad, el 19 de mayo de 2009.

Estaba acompañada de su esposo José Luis, que el día anterior se manifestó silenciosamente delante del gobernador César Duarte, que participaba en un evento donde se presentaba un documental para mostrar la recuperación de Juárez ante la prensa, entre otras autoridades. El suceso no fue noticia en los diarios locales, a pesar de que estaban presentes. (http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2016/02/la-guerra-en-juarez-por-el-papa.html).

"Aunque no pude entrar, me hubiera gustado que el Santo Padre hubiera saludado a alguna de las víctimas de la violencia", afirma el papá de Esmeralda Castillo.


Luz María Dávila, en el centro, esperando a que pasara el Papa junto a varias madres de estudiantes asesinados en la masacre de Villas de Salvárcar/@FotoJudithTorrea

Luz María Dávila perdió a José Luis Piña, de 16 años junto a Marcos, de 19 que trabaja con ella en la maquila y en las tardes estudiaba Relaciones Internacionales en la universidad. Son sus dos únicos hijos, enterrados en dos ataúdes: aesinados el 30 de enero de 2010 en la masacre de Villas de Salvárcar, donde murieron 15 personas, la mayoría estudiantes:  http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2010/02/velatorio-de-dos-hermanos-dos-primos-16.html

La mujer que explotó su dolor ante al ahora ex presidente Felipe Calderón, reclamándole su guerra contra el narcotráfico y le pidió que se disculpara por llamar a sus hijos pandilleros, llegó a las 9 de la mañana al recinto donde se iba a celebrar la misa. Lo hizo en un vehículo de la Fiscalía junto con su esposo, y unos 30 familiares de la masacre.

Aunque les dieron boletos para la zona roja B2, bastante más adelante que las mamás de las desaparecidas, aún así para ellos era complicado divisar al Papa en la misa.  

 "Ahí donde estaban los políticos, íbamos a estar nosotros. Yo sé que enfrente estuvieron las esposas de los políticos y los hijos. Yo sentí que hicieron menos a uno, y el Papa vino a lo que vino y siento que no lo dejaron. Según esto el Papa no quería políticos enfrente".

"El Papa no habló de las víctimas. Siento muchos sentimientos encontrados. La homilía fue muy ligera. Le faltó mucho al Papa: acercarse más a la gente, como lo hizo en Chiapas, en Michoacan. Me hubiera gustado saludarlo de la mano, recibir su bendición", agregó.

"Aunque ellos quieren cambiar la imagen de Juárez, que no pasa nada, nunca va a ser así, porque todo se refleja. ¿Cuándo se va a acabar la violencia? nunca mientras haya políticos que manden a a la fregada a la gente. Por eso Juárez está como está". 

Cuando el sol de Juaritos comenzó a jugar con los colores del cielo, el Papa Francisco, el jesuita y argentino Jorge Mario Bergoglio, recitó el poema Hermandad del escritor mexicano Octavio Paz.  Para después decir: 

"Me atrevo a sugerir que aquello que nos deletrea y nos marca el camino es la presencia misteriosa pero real de Dios en la carne concreta de todas las personas, especialmente de las más pobres y necesitadas de México. La noche nos puede parecer enorme y muy oscura, pero en estos días he podido constatar que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza".

El atardecer sonríe juguetón a los naranjas, ocres y rojizos, bajo la mirada de una luna que se asoma. Cuando miles comienzan su periplo para ver cómo regresan a sus casas, con el peso de su dolor y sus ausencias, recuerdo la frase de Francisco, más pastor que profeta, más humano: 

"Sentí ganas de llorar al ver tanta esperanza en un pueblo tan sufrido".  

Es lo que siento en mi Juaritos, tan sabia. La que me inspira.

Ahora habrá que ver si, especialmente, los políticos y los empresarios tomaron nota o si sólo se acercaron a Francisco para tomarse la foto con un Papa.

martes, 16 de febrero de 2016

Borran cruces símbolo del feminicidio o la "guerra" para que el Papa Francisco sepa o no sepa lo qué está pasando en Ciudad Juárez




Las cruces del feminicidio que fueron borradas por empleados del municipio. En la foto, todavía con pintura fresca hacia las 8:40 de mañana de hoy martes 16 de febrero./ JudithTorrea 

La "guerra" para que el Papa Francisco sepa o no sepa qué está pasando en Ciudad Juárez se intensificó en la víspera de su llegada, incluso en simbólicas acciones que denotan una realidad compleja y brutal.

Esta mañana, los empleados municipales del servicio de pintura de Ciudad Juárez tuvieron una nueva prioridad. Tras unas semanas intensas de trabajo -para dar una manita de gato a las calles por las que pasará el Papa Francisco y los más de mil seiscientos periodistas que cubrirán la esperanzadora visita- tuvieron que asumir una nueva carga y prioritaria para las autoridades: borrar unas cruces negras en fondo rosa -símbolo de los feminicidios de niñas y jovencitas en Juárez- y que mamás pintaron ayer bajo la intimidación de policías municipales que les tomaron fotos y les pedían sus nombres.

Pasaditas las ocho y media de la mañana, unos cuatro o cinco trabajadores de mediana edad se encaramaron en un troquita vieja blanca, tipo chevrolet, con botes de pintura, tras cubrir con pintura roja o gris las cruces.

Ahora, sobre la avenida Tecnológico, a la altura de la Iglesia de San Sebastián -que estos días cobija a más de cien soldados- hay cruces borradas con pintura, algunas con pintura roja, como el horror de la sangre que tiñe la indiferencia de veintiún años de desapariciones de niñas y feminicidios en Juárez.

La guerra entre las autoridades, empresarios y una iglesia católica cercana al poder -decididos en cambiar la imagen de la ciudad, pero no la realidad que la provoca- y las personas con menos recursos económicos que la sufren. 

Juárez ha pasado de ser la ciudad más peligrosa del mundo -durante la llamada guerra contra el narco del ahora ex presidente Felipe Calderón- a convertirse en la ciudad dolor: de más de 14 mil niños huérfanos que corren el riesgo de convertirse en los sicarios del futuro, de familias que intentan sobrevivir a las más de 11 mil personas asesinadas en cinco años, entre los padres de niñas pobres desaparecidas que siguen buscando a sus hijas en la indiferencia de una sociedad, que tras veintiún años de feminicidios han pasado a ser parte del paisaje irremediable.

Lo único que parece no haber cambiado tras la llamada guerra contra el narco en esta ciudad, de oficialmente un millón 300 mil habitantes, es que Juárez sigue siendo el principal cruce de drogas hacia Estados Unidos, además de la impunidad en el 97 por ciento de los crímenes, la corrupción y la desigualdad social.
Juaritos es la de los atardeceres mágicos como sus gentes chambeadoras, soñadoras y alegres.
Desde los años 70, es también paradigma del capitalismo, de empresas maquiladoras de capital extranjero que crean la riqueza del primer mundo a precios del tercero, donde el ser humano deja de ser un ser para convertirse en un trabajador sin derechos.

Con operarios que viven en un círculo de pobreza a pesar de tener un trabajo, en una ciudad donde el transporte público es pésimo y casi inexistente, donde el 40 por ciento de las calles son de arena del desierto, y el alumbrado público sigue siendo un lujo aún por las zonas donde desaparecen niñas, y apenitas hay secundarias en las colonias más pobres.


@JudithTorrea


@JudithTorrea


Cuando mañana miércoles 17 de febrero el Papa Francisco pase por esta avenida quizá alcance a ver una cruz negra sobre fondo rosa en un poste amarillo. Es la huella que, por el momento, queda intacta porque los trabajadores del municipio carecían de este color de pintura para pintar el poste. Y el grito de los padres de desaparecidas al Papa Francisco, que buscaron entrevistarse con él. La misa la seguirán en la última fila preparada con sillas, la zona roja C3, del altar preparado en la antigua feria de Juárez, ahora llamado "El Punto", a unos metros del Río Bravo, en México, el Río Grande en Estados Unidos.


@JudithTorrea



En la tarde, tomé esta foto que expresa dos visiones opuestas de una misma realidad. En primer plano, el gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte (PRI). El señor con la manta rosa es José Luis, el padre de Esmeralda Castillo Rincón, que desapareció a los 14 años de edad, un 19 de mayo de 2009.
En primera fila, las máximas autoridades del estado, desde el alcalde hasta el fiscal, pasando por empresarios.


El padre de Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida a los 14 años, en Ciudad Juárez irrumpió silenciosamente en el discurso del gobernador de Chihuahua, César Duarte, tras la proyección de un documental sobre la recuperación de la ciudad donde no se mostraba la existencia de niñas desaparecidas ni feminicidios./Foto:@JudithTorrea


José Luis, padre de una niña desaparecida, intentó que su hija Esmeralda Castillo Rincón fuera visible en una protesta silenciosa mientras el gobernador realizaba un discurso. El papá nos contó, a periodistas acreditados en el centro Cibeles por la visita del Papa Francisco, que decidió irrumpir en el evento porque en un documental que se mostró sobre la situación actual de Juárez ni se había nombrado la desaparición de niñas  jovencitas, ni los feminicidios.

El documental "Juárez, la sociedad que respondió ante la ciudad más peligrosa del mundo" dirigido por el chihuahuense Jairo Sifuentes y financiado por el Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (FICOSEC), formado por empresarios, mostraba que la recuperación de Juárez, con un descenso de los crímenes tras la guerra contra el narco, había sido lograda por la participación de la Mesa de Seguridad, que reunió a miembros de la sociedad civil, en su mayoría destacados empresarios y profesionistas, para buscar soluciones conjuntas. Y desechaba la convicción extendida que se finalizó la brutal violencia porque el Cártel de Sinaloa ganó la plaza al de Juárez, con la complicidad de las autoridades.

El evento finalizó bruscamente tras la intervención del gobernador. Las autoridades se fueron de estampida, mientras los periodistas hablábamos con el padre de una niña desaparecida que ayer pintó las cruces borradas.

La presentación tan esperada por las autoridades y empresarios, para mostrar que Juárez Vive (el lema del gobernador) fue arruinada por la realidad.


Agentes de la policía municipal insistieron en saber los nombres de los padres que pintaron el lunes cruces de feminicidio. /@JudithTorrea
Las cruces que hoy fueron tapadas con pintura roja o plateada, fueron pintadas ayer por madres y activistas./@JudithTorrea

martes, 7 de julio de 2015

Le advirtieron con meterla a la cárcel si denunciaba la desaparición de su hija Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, y en 4 años las autoridades no tienen ninguna pista


Anita, mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, con el cártel de recompensa. ©JudithTorrea


- Qué le ha hecho a su hija, por qué se ha ido de la casa, le increpa el agente ministerial en la Fiscalía.
- Nada, por eso estoy aquí, que me ayuden a saber de ella.
- ¿Sabe que si encuentra pronto a su hija puede ir al bote, por omisión de cuidados?

Ella se enoja. Doce horas intentando reportar la desaparición de su niña:

- Dígame si me va a tomar la denuncia o no, no me haga tanto esperar para que me arrepienta de poner la denuncia. Búsquela y me la trae y después me hace todos los cargos que quiera.

Han pasado 4 años, de aquel 8 de julio del 2011: Anita, la mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, solicita a la una y media de la madrugada, la ayuda de las autoridades. Ya no sabe qué hacer.

"Como a las 6 de la tarde se me hizo un poco tardecito que no llegara. Estaba inquieta y cerquita de las 7 me fui a esperar la ruta. Jessi no traía celular. No llegó y pensé que empezó a  trabajar: hay algunas tiendas que cierran a las ocho y media. Cuando no llegó, le dije a mi hijo: Ve a por tu papa, vamos a buscarla en el centro... se me hace tarde. Y nos fuimos sin rumbo, a recorrer todas las calles para ver las rutas y buscarla por todos los hospitales, albergues, ver si estaba detenida".

Madrugada, va a la Fiscalía: abierta veinticuatro horas al día. Intenta interponer una denuncia por desaparición y que activen el Protocolo Alba de búsqueda. Sabe que cada hora que pasa hay menos posibilidades de recuperar a su hija, que está en peligro. Le dan cita para nueve horas después, para las 10 de la mañana. A las 12 del mediodía, finalmente, la atienden y le amenazan con "meterla al bote", a la cárcel, si realmente su hija no ha desaparecido y realiza una denuncia.

La Fiscalía le asigna un investigador, que lo primero que hace es acompañarla a pegar pesquisas con el rostro de su hija.

"Y según ellos empiezan a buscar.  Cuatro años han pasado y no hallan ni una sola línea de investigación definida. Nada, ellos no han logrado absolutamente nada, los pocos datos que tienen son porque yo se los he llevado. Yo les he llevado datos de domicilios, de nombres de personas. La investigación la he estado haciendo yo, y en donde no puedo entrar, les pido auxilio".

Jessica Ivonne Padilla Cuéllar: 16 años cuando desapareció. Sus padres, un operario de una fábrica maquiladora y una comerciante independiente por catálogo.  La última vez que la vieron fue el 8 de julio del 2011. Jessi, como la llaman en casa, ha finalizado el cuarto semestre en la preparatoria Río Grande, de la colonia El Granjero. Sueña con estudiar medicina.

Diez y media de la mañana. Jessi sale de su hogar en la azotada colonia López Mateos hacia el centro de la ciudad, una de las zonas más vigiladas por el Ejército y la Policía Federal, enviadas por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra contra el narcotráfico. La joven lleva una carpeta con solicitudes para trabajar y así comprarse el uniforme y los útiles escolares.

"Jessi anduvo por varias tiendas en el centro, buscando trabajo, por tres días: martes, miércoles y el jueves ya no regresó. Ella estaba muy entusiasmada. Siempre fue una niña que siempre quiso apoyarnos como familia", recuerda Anita, de 48 años, madre de 3 hijos y abuela de cuatro, a los que cría como si fueran sus niños.

Sobrevive con la esperanza "de volverla a tener con nosotros, que nos mantiene fuertes. Si me dejo caer, me enfermo y no puedo estar alerta lo que pasa alrededor de Jessi y tengo que estar pendiente del resto de la familia. Si estoy comiendo, me pregunto si estará comiendo. A la hora de despertarme, lo mismo. Si voy a dormir, pienso en mis otros hijos y pienso también en ella, que me falta ella. Es imposible de quitármela de la cabeza. Nadie la olvida, ni los niños chiquitos siempre están hablando de Jessi, haciendo oración por ella. La bebé (nieta) tenía 7 meses cuando desapareció y ahora tiene 4 años, ella hace sus oraciones y siempre pide por ella".

Lo peor es "esa espera que no tiene fin, que no llega, que no sé cuando voy a terminar" y que ella combate con entereza:

"No me cierro a la realidad, pero también sé que el único que me sostiene de pie es Dios, por medio de su hijo Jesús. No puedo cerrar los ojos a esa verdad, no me la puedo pasar quejando. Sí que se vive un duelo, pero también tengo muchas cosas cada mañana por qué sonreír, por qué dar gracias y dormir en paz. Por eso, tengo que estar de pie, para cuando mi hija regrese".


lunes, 15 de junio de 2015

Cuando sonreír, duele: el cumpleaños de una mamá de desaparecida en Ciudad Juárez

Lucy con su hija desaparecida Nancy Navarro, en una foto/ ©Judith Torrea  ...................................            


Le duele tener que sonreír: cuando por dentro se está desgarrando. Con unos labios que intentan dibujar normalidad y unas pupilas dilatadas por lágrimas a escondidas, me dice:

"No puedo explicarle cómo cambió totalmente mi vida, yo creo que para siempre".

Hoy es el cumpleaños de la mamá de Nancy Navarro Muñoz, desaparecida hace casi cuatro años, un 13 de julio del 2011. Tenía 18 años, cuando partió de su hogar en la devastada colonia Francisco I. Madero con los documentos para solicitar trabajo en la zona centro de Ciudad Juárez y no se supo más:
http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html).
Y Lucy, su mamá, que recibe sus 41 años sonríe mucho más, por sus niños. Y le duele, aún más.

"Mi hija siempre, aunque no tuviera dinero, buscaba qué regalarme un detalle, una carta, una flor, que eso significa más que un enorme regalo. Es algo que no se olvida".

El atardecer de Juaritos, con sus rojizos que envuelven al grandote cielo, comienza a jugar también con los anhelos. A la mamá de Nancy Navarro le acompañan sus otros tres hijos de 17, 11 y 9 años, y su nieta Brianita, de 5la niña de Nancy, que cuando tenía un año y tres meses dejó de recibir los apapachos de su mamá, desde entonces desaparecida.

En la mañana le cantaron las mañanitas. "De las mamás (de desaparecidas), muchas felicitaciones. Me siento bendecida, porque tengo a mi familia de sangre y mi familia de dolor, que también por esa parte me mandaron muchos mensajes".

Cocinó unos taquitos de pollo en su casita de bloque de dos recámaras, incrustada en una colina arenosa del desierto, junto a un arroyo seco que cuando llueve se convierte en un peligroso.
De sorpresota, su esposo le llevó con toda su familia a saborear una nieve, al centro de Juaritos.
E intentó olvidar que en esa misma área de la ciudad desapareció su hija, como muchas otras desde hace veintiún años, una zona de la que no puede escapar: punto de conexión de las pésimas y escasas ruteras (viejos autobuses escolares estadounidenses desechados en el vecino país, EE.UU, para el uso y utilizadas en Juárez como transporte público) y donde se concentra el mercado Reforma, puestos de baja calidad, dudosos negocios, prostíbulos baratos, edificios en ruinas, además de la Catedral con su Virgen de Guadalupe, de la que es devota.

En el centro histórico también es donde su adorado esposo trabaja como mesero, en un restaurante humilde. En dos semanas, cumplirán veinticuatro años de casados. Él, como cada año, le regalará probablemente una flor, quizá también un peluche lindo, y una tarjeta con un mensaje de amor y agradecimiento. Sobreviven porque saben que "en la tristeza hay que hacer lo más bello de ella".

Al soplar su vela de cumpleaños en un pastel de tres leches, típico en México, que su niña de 11 años le obsequió, sonríe. Es chico: apenitas les llega para probarlo entre todos. La pequeña Brianita guarda un trozo para su mamá desaparecida, que está presente en cada rincón del hogar y en cada conversación de niña que espera compartir todo lo que esta viviendo con su mamita Nancy.

Quisiera que su regalo, al celebrar un año más de vida, fuera su primogénita desaparecida. "Uno se sienta y ve las velitas y pide en deseo. Nosotros siempre estamos pidiendo ese deseo, como que en el cumpleaños se pide con más fuerza", afirma Lucy, que tras trabajar en una fábrica maquiladora, se dedica a limpiar casas para disponer de más tiempo para buscar a su hija. Lo que en Juaritos significa hacer la chamba que las autoridades no hacen.

**** Cuando Nancy Navarro desapareció en el centro de Juárez -la zona más concurrida y bulliciosa de la ciudad, colindante con el puente fronterizo de Santa Fe, por el que se cruza a El Paso (Texas)- esta área estaba inundada de miembros del Ejército y la Policía Federal, que convivían con la pandilla de Los Aztecas, del Cártel de Juárez, que controla esta zona. Con la llegada de estas fuerzas de la (in)seguridad, enviadas por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra contra el narcotráfico no sólo se dispararon los asesinatos, sino también las desapariciones de niñas y jovencitas. Como en todos los casos de desaparición, las fuerzas de seguridad no sólo no previenen ningún tipo de delito sino que nunca ven cómo se llevan a las jóvenes, aumentando la hipótesis de su complicidad en las desapariciones. Al paisaje de "seguridad" se sumaba la Policía Municipal, con sus rondines frecuentes.

En estos casi cuatro años de agonía de la espera, las autoridades no han ofrecido ninguna pista a la familia. En su carpeta de investigación no hay adelantos, más que a veces las sugerencias que la mamá de Nancy Navarro les da para que la encuentren viva y que nunca han sido atendidas. Recuerdo que las autoridades no activaron el Protocolo Alba de búsqueda para Nancy Navarro Muñoz hasta que su familia -desesperada por la indiferencia de las autoridades- realizó una protesta, una semana después de su desaparición: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/buscando-su-hija-nancy-navarro-de-mama.html


sábado, 23 de mayo de 2015

¿Qué hace una madre cuando sabe que siete estudiantes de la escuela Incomex (Ecco) -a la que iba su hija desaparecida- fueron asesinadas?


 A Yolanda, mamá de Janeth Paola Soto Betancourt, las autoridades le impidieron denunciar la desaparición de su hija,  estudiante de Incomex.  ©Judith Torrea 

Lo consiguió. En dos semanas su hija se graduaría (con excelentes calificaciones).  La primera en la familia en superar la barrera de la preparatoria. Un año y seis meses de computación e inglés: a 180 pesos a la semana. Por estudiar, por tener otro futuro. Por... ¿desaparecer?

Yolanda tiene una hija: Paola Janeth Soto Betancourt. Pero ahora no la tiene. Sabe que la tiene, pero es como si no la tuviera. O peor.

Hay sueños hermosos que se convierten en pesadillas agónicas. Esto es lo que le pasó a Yolanda, una trabajadora de maquila de 44 años de edad: casada con otro operario al que conoció también en la maquila al emigrar a los 18 años a Ciudad Juárez, de su natal Durango: en busca del sueño: de poder sobrevivir en un México marcado por la desigualdad social, la pobreza en un país inmensamente rico, la corrupción y la falta de estado de derecho.

El sueño más reciente de Yolanda, hasta el 23 de mayo del 2011, era que su hija se graduara. Pero el sueño cambió esa misma tarde de hace cuatro años. Concretamente entre la 1 de la tarde y la 1,30pm.

Al parecer, a la una de la tarde, Paola Janeth Soto Betancourt, una chica reservada y alegre de 19 años, ojos oscuros y cabellos teñidos del color de los girasoles, salió de la escuela Grupo Incomex Centro de Computación, en el número 138 de la calle 16 de septiembre, en la zona centro de Juárez.

¿Qué es lo que pasó en esos 30 minutos? ¿Por qué aún no ha llegado a su hogar en la colonia Ciudad Moderna? Es lo que se preguntan e intentan averiguar Yolanda y su esposo Martín, cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada mes de los últimos cuatro años de sus vidas.

Lo primero que hizo Yolanda fue llamar al celular de su hija: apagado. Después, insistió, e insistió. Y cuando no pudo más, habló a su esposo. Juntos fueron a la escuela. No alcanzaron a encontrar a nadie que les pudiera dar una pista.
Se encaminaron hacia la calle Miguel Ahumada, en busca de la parada de la ruta 5A, que su hija tomaba para estudiar, y nadie la vio. En el camino, se toparon con retenes del Ejército y miembros de la Policía Federal enviada por el ahora ex presidente Felipe Calderon en su llamada guerra contra el narcotráfico.
Y ella comenzó a preguntarse que "qué casualidad que nadie la miró en la calle, qué pasaría. Con tanta policía y soldados que había y qué casualidad que nadie supo nada. Ya no haya ni uno ni qué pensar, si ellos se las llevaron, si están aliados con los que se las llevaron, no sabemos".

Llamaron a sus amigas. Fueron a casa de la familia de su novio -que ya no es su novio, porque en estos 4 años de espera ha contraído matrimonio y ni se lo ha podido decir porque... ¿Cuál es la mejor manera de decirle a tu novia desaparecida que te casas con otra... si no contesta su celular, si no vive en la misma casa, si ya no va a la escuela, si nadie más de su familia y amigos la ha vuelto a ver?

Al día siguiente, los padres de Soto Betancourt regresaron a la escuela Incomex. Ningún dato más. Así que decidieron ir a la Fiscalía, a poner la denuncia para que todas las fuerzas de seguridad realizan retenes constantes estén alerta y no sólo comiencen a estar atentos si la ven sino que sean activos en su búsqueda.

"Ese día no me quisieron agarrar la denuncia", recuerda Yolanda, madre de cinco hijos, dos de ellos inmigrantes en Los Ángeles, otro de 15 años y el más pequeño, que tenía 6 meses cuando desapareció su hermana, de ahora 5 años.

- Váyase, yo creo que está con el novio, ahorita no les va hablar porque está muy contenta...
- Cómo puede ser posible que usted me haga eso... si fuera su hija...
- Váyase señora, al rato ella le va a hablar, cuando a ella se le pase el amor, ella les va a hablar.

Su hija nunca volvió a llamar. Ella esperaba que aquellas palabras del agente del ministerio público de la Fiscalía fueran ciertas. Pero sentía que ella estaba en peligro. La buscó, la volvió a buscar, parecía que ya no quedara ni un lugar de Juárez para encontrarla. "Fuimos hasta las garitas del Ejército en el Kilómetro 20.  Anduvimos recorriendo que no hallábamos dónde", recuerda Yolanda.

Semana tras semana volvía a la Fiscalía para interponer la denuncia por desaparición. Sin suerte: sentía que se moría, que se partía en dos, en cuatro, en minúsculos pedazos. Aunque con el tiempo ha comprobado que para nada sirve denunciar a las autoridades que una niña, una jovencita, una hija haya desaparecido: porque a las que desaparecen, de verdad, nunca las han encontrado con vida  en los veintiún años de desapariciones en Ciudad Juárez. Y si las encuentran, aparecen sólo unos huesitos.

Pasaron los días, las semanas, el mes y casi dos meses hasta que llegó el 13 de julio del 2011 -una fecha en la que desapareciera otra joven, Nancy Ivette Navarro Muñoz, y en donde tampoco se activó el Protocolo Alba de búsqueda hasta que su familia realizó una protesta para presionar a las autoridades a que hicieran su trabajo, buscarla-.
Ese día, los padres de Janeth Paola Soto Betancourt fueron a poner el reporte de desaparición, a intentar que su hija a la que parecía que "la tierra se la hubiera tragado" fuera al menos visible para las autoridades. En la explanada de la Fiscalía se encontraron con un hombre que portaba la foto de su propia hija, por entonces desaparecida. Este hombre se llama Ricardo y su hija es Mónica Janeth Alanis Esparza, desaparecida y ya encontrada en huesos. Iba acompañado de una mujer, la activista Francisca Galván, que en ese momento no sabía que dos años después tuviera que pedir asilo político a Estados Unidos.
"Nos vieron desesperados, comenzaron a preguntar y luego les dijimos que no nos han querido agarrar la denuncia, y ahí fue Francisca a la Fiscalía".

Nada cambió desde que le permitieron realizar una denuncia, un mes y medio después de la desaparición de su hija. Sólo que ahora está en una pesquisa, con su foto y algunos detalles básicos.



Lo único que las autoridades han hecho para buscar a Janeth Paola Soto Betancourt es una pesquisa. ©Judith Torrea

La escuela donde estudiaba Janeth Paola Soto Betancourt comenzó a llamarse Grupo Incomex Centro de Computación hace más de una década. Antes era la Ecco. Cuando se supo que varias de sus estudiantes habían desaparecido y se encontraron violadas, mutiladas y asesinadas le cambiaron de nombre a Incomex. Y la vida de esta escuela siguió, como si nada. Con este simbólico hecho, se sigue la tradición de las autoridades de Juárez que se esfuerzan en cambiar la mala imagen de la ciudad, pero no la realidad que la provoca.

"Yo no sabía nada de desapariciones. Nunca imaginé que las desaparecieran de esa escuela. Me siento muy mal, si hubiera sabido que de ahí se habían desaparecido otras muchachas, te lo juro que nunca le hubiera dejado ir a esa escuela. Y ya cuando una ya sabe es tarde...", comenta la mamá de Soto Betancourth.

Esta madre señala que son tres las muchachas de la escuela de cómputo que también desaparecieron. Pero revisando mis archivos compruebo que al menos son siete las jóvenes desaparecidas que eran estudiantes de Ecco-Incomex en Ciudad Juárez, todas pobres, hermosas. Algunas de ellas también trabajaban en fábricas maquiladoras:
Tres de las estudiantes de esta escuela fueron encontradas violadas y mutiladas en el cerro del Cristo Negro el 16 de febrero de 2003. Ellas eran:
Juanita Sandoval Reyna, de 17 años y desaparecida el 23 de septiembre de 2002.
Esmeralda Juárez Alarcón, 16, desaparecida el 7 de enero de 2003.
Violeta Mabel Alvidrez Barrios, de 18 años, y desaparecida el 4 de febrero de 2003.
Pero no fueron las únicas en aparecer asesinadas en este cerro de la muerte. Un total de seis desaparecidas fueron halladas asesinadas entre octubre el 2002 y febrero del 2003.

Otras tres estudiantes de la misma escuela a la que iba Janeth Paola Soto Betancourt fueron encontradas muertas en el Campo Algodonero, en noviembre del 2001, donde se descubrieron restos de ocho jovencitas desaparecidas.
Ellas eran:
Mayra Juliana Reyes Solís, 16, desaparecida el 25 de junio de 2001.
María de los Angeles Acosta Ramírez, 19,  desaparecida del 25 de abril de 2001.
Esmeralda Herrera Monreal, de 19, desaparecida el 29 de octubre de 2001.
Y una más, Liliana Holguín de Santiago, 15 años, desaparecida el 13 marzo de 2000 y encontrada asesinada el 28 de junio del mismo año, en las faldas del Cerro de la Bola.

La misma escuela Ecco-Incomex también tiene tres estudiantes más desaparecidas, pero en su sucursal de la ciudad de Chihuahua:
Erika Noemí Carrillo Enríquez, de 20 años, más de quince años de desaparecida, desde el el 11 de diciembre de 2000.
Paloma Angélica Escobar Ledezma, 16 años, desaparecida el 3 de marzo de 2002 y encontrada asesinada el 22 de marzo de 2002.
Neyra Azucena Cervantes, 18, desaparecida el 13 mayo de 2003 y encontrada muerta en los Cuernos de la Luna, en agosto, según datos de las autoridades.

Para Yolanda, la mama de Janeth Paola Soto Betancourth, está claro que la escuela donde estudiaba su hija debe de ser investigada. Pero todavía no ha podido convencer a las autoridades a que sigan esta línea.

"En estos cuatro años, ya no sabe uno ni qué hacer, ni una pista uno tiene. Que no sepan nada, que vean nada, yo no sé por qué no se ponen a investigar, a buscar. Si uno pudiera y si tuviera más recursos.. uno la busca, pero ellos no: no más están sentados a que les lleve uno".

Ahora, después de tanto insistir, la nueva agente del ministerio público que lleva su caso, está leyendo el expediente, y tomando algunas medidas:

"Apenas están viendo el teléfono de mi hija, a quién habló antes de desaparecer. Ya son cuatro años (de la desaparición) y es que van muy atrasados, no se mueven, no se hacen nada. Se le figura a uno que no quisieran trabajar, como que no se quiere que se sepa nada y uno le da vueltas a la cabeza... ".

Y ella es pregunta: "¿por qué?" -como todas las madres de desapariciones y víctimas de feminicidio en Ciudad Juárez, desde hace veintiún años-. Ahora el sueño por el que emigró a Ciudad Juárez es otro.