jueves, 19 de diciembre de 2013

Mamás de desaparecidas, "artesanas" para conmover corazones que las encuentren vivas



Tardó tres días en hacerla. Antes, pensó en el diseño. Sería grandota. Y verde, como el color de la esperanza. Poco después comenzó a buscarla en los mercados, en las tiendecitas. Tenía que ser la más hermosa, como su hija Nancy Navarro: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

La encontró. Era una esfera de color rojo. Había que pintarla, de verde. Siempre, de verde. No quería agarrar la pintura, ni modo: repitió el proceso varias veces. Cuando estuvo bien seca, comenzó con un pincel a darle esplendor con dorados. Y pegó la foto de su pequeña.

A la vez, comenzó a preparar otras dos bolitas con material de espuma. Escribió el nombre de su hija: Nancy Navarro. La fecha en la que desapareció hace más de dos años: 13 de julio de 2011 y edad: 18 años. A un costado, su grito: "Vivas se las llevaron, vivas las queremos".

Llegó el día. Se reunió con otras mamás que sienten lo mismo y convierten su rabia en lucha. Como Perla, la mamá de Jocelyn Calderón Reyes, desaparecida hace casi un año, a los 13 años de edad:
http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/el-pastel-es-para-ti-jocelyn-calderon.html

Perla le enseñó las esferas de espuma que había estado trabajando, acompañada de otros tres familiares de desaparecidas. Fueron 140, en dos días de trabajo intenso. Por todas las mamás que no pudieron reunirse.

"Significan nuestras hijas que no las tenemos en esta Navidad. Decirles a las autoridades que no tienen que estar en esa foto, que tienen que estar con nosotros", comenta la mamá de Jocelyn.

Juntas fueron a las Fiscalías, la General y la de Mujeres, para llevarles a sus hijas: en esferas y cartulinas que surgían de un pino de Navidad y de dos cartones convertidos en arbolitos.


"En todas las casas, en estas fechas, se pone un pino. Queríamos ponerle uno con las esferas para que vean todo el trabajo que tienen que hacer, sus caritas, y no hay resultados positivos. Aunque ellos dicen que de diez niñas que desaparecen, encuentran nueve, ¿por qué las de nosotros nunca aparecen?", exclama Lucy, la mamá de Nancy Navarro.

"Si tienen un poquito de corazón, (las autoridades) tienen que chambear, como que no les interesa, son unos inhumanos, son veinte años de desapariciones en Ciudad Juárez".

En la Fiscalía General del Estado hay ahora un pino de cartón, verde, pegado en los cristales.  Como en la Fiscalía de Mujeres donde además se encuentra amarrado en las rejas, con una cinta amarilla, el pino natural con las esferas que recuerdan que para ellas no hay Navidad.

En unos días, Lucy, irá a ver cómo está la esfera de su Nancita. "A lo mejor se me despinta (con la lluvia), voy a forrarla con hule de plástico para que no le haga nada el agua".




***** Ráfagas de terror en las principales avenidas de Ciudad Juárez: en Cuatro Siglos, Antonio J. Bermúdez, Tomás Fernández,  Trabajadores de fábricas maquiladoras en pánico. Niños, también. Dos asesinados, más dos heridos, por ahora. Para las autoridades, esto es paz (con balas).
El Consulado de Estados Unidos en Juárez alerta de los peligros de viajar a la ciudad y recomienda no hacerlo y de viajar, no acudir a lugares públicos como restaurantes y comercios. 
La mayoría de los empresarios y las autoridades -con fuertes intereses en el sector económico- están molestos con la alerta consular, que se aleja de sus esfuerzos de cambiar la imagen de la ciudad pero no la realidad inmediata ni la más profunda. Como viene ocurriendo con las desapariciones de niñas y jovencitas (pobres y bellas): con la negación de esta realidad que no sólo continúa por veinte años, sino que se ha disparado.
Juárez Vive (como reza el lema del gobierno): menos para los que son asesinados.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Dónde están los huesos que le mostraron de su hija desaparecida y víctima de feminicidio Jessica Leticia Peña?



Contó los huesos. Uno por uno. Le faltaban cinco. Miró la dentadura y gritó. No era su hija. Ni lo que quedaba de ella. A Mari García le mostraron 26 huesitos el día que identificaron a su Jessica Leticia Peña García, desaparecida  a los 15 años de edad el 31 de mayo de 2010: "el cráneo sólo tenía un cachito, la dentadura no era, la de mi Jessi era muy bonita":
http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2012/02/un-ataud-en-la-fiscalia-con-los-huesos.html

Primera exhumación: es 14 de agosto del 2013. Y lo que Mari García sospechaba, se cumple. Los huesos que enterró hace un año y medio no eran los que ahora le muestran en un féretro enterrado en la arena del desierto.
Pensaba añadir un trocito de huesito que las autoridades le notificaron este mes de mayo que también era de su niña asesinada: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/un-hueso-mas-de-su-hija-jessica-leticia.html
Pero este hueso fue entregado en julio y por confusión a María Jáquez, la mamá de Yanira Fraire, y los restos de Yanira, de también 15 años, fueron incinerados por deseo de la mamá de Jessica Leticia, que pensaba que era el huesito que le notificaron en mayo y que rezaba en una urna las cenizas de otra desaparecida pensando que eran las de su hija: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/07/todo-para-poder-enterrar-su-hija-yanira.html

La mamá de Jessica Leticia pensó que por fin estaba a punto de enterrar otro hueso más de su hija Jessica Leticia, pero sintió ese instinto que sólo sienten las mamás. Que lo que finalmente se enterró en aquel ataúd -que estaban a punto de abrir para añadir otro hueso- no era su hija. Y exigió ver todos los huesos: tampoco esa tumba que rezaba,  ahorrando dinero para tomar varias rutas y arriesgando su vida caminando por calles sin pavimentar ni alumbrado público, era su hija.

Desde que comprobó que lo que enterró no era su pequeña desaparecida a los 15 años de edad, Mari se ha ido derrumbando. La misma mujer que con aquel ataúd blanco -que creyó tener los restos de su hija- que se plantó delante de la Fiscalía para pedir justicia, hoy no se reconoce, entre pastillas para luchar contra la tortura latente de no saber no sólo quién desapareció y mató a su hija, sino de saber que había estado rezando un féretro y, después, unas cenizas que no pertenecían a su hija.

Ahora, que ya han pasado tres meses de la primera exhumación, puede conversar. Acaba de exhumar de nuevo los huesos y está más tranquila. Quizá porque se comprobó lo que su instinto sintió: que esos huesos no son de su hija, según los resultados genéticos.

Hace tres semanas, que la mamá de Jessica Leticia Peña va viendo un poco la luz.  Siente que está más cerca de su hija: en huesos. Parece ser que los restos de su pequeña -que ella reconoció antes de ser enterrada, por esa dentadura perfecta- están enterrados en el estado de Durango. Las autoridades le afirman que fue sepultada en lugar de Lizbeth Avilés García, de 17 años. Y piensa en su mamá, en el laberinto impune de huesos e incógnitas: de tortura prolongada que se enfrentará a vivir.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Entrevista con Israel Arzate Meléndez, libre: el chivo expiatorio en la masacre de Villas de Salvárcar (criminalizado por las autoridades y medios de Chihuahua)

Israel Arzate Meléndez, esperando un avión en el aeropuerto de Ciudad Juárez, tras ser puesto en libertad.


La primera vez que escuché la voz de Israel Arzate Meléndez fue en el altavoz de un celular: avisaba a su esposa de que no había podido presentarse ante el juez, a la audiencia de vinculación del proceso, porque los soldados lo habían sacado la noche anterior de la prisión del Cereso Estatal y lo habían estado paseando por Ciudad Juárez y torturándolo. Querían saber cuál era su dirección y le recordaron que no podía retractarse de la declaración en vídeo en la que se había declarado culpable de la masacre de Salvárcar tras ser torturado.

Fue el 10 de febrero de 2010, poco más de una semana después de que fueran asesinadas 15 personas (trece menores y dos adultos) en una fiesta de estudiantes en la colonia obrera de Villas de Salvárcar. Seguidamente, Arzate me insistió que él era inocente, que confiaba en Dios. La llamada se cortó.

Ya Jessica no está con él, vive con otro muchacho, aunque ha estado al pendiente, al igual que sus ex suegros con los que vivía y el niño que su esposa tuvo de adolescente, al que crió. Esto ha sido lo más duro: "perder a mi familia" en este tiempo de encierro.

Hoy, casi cuatro años después, puede conversar con él viendo sus ojos: después de varias solicitudes de entrevistas que me fueron denegadas por las autoridades del estado de Chihuahua. Israel ya está libre, a sus 28 años de edad.

Esta es una entrevista breve realizada en una pequeña sala de la Policía Federal en el aeropuerto de Ciudad Juárez, en la noche del miércoles 6 de noviembre de 2013: horas después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ordenara su libertad inmediata. La Corte estimó que la confesión de Arzate, obtenida tras treinta horas de tortura, es nula.

Una decisión que no fue aplaudida por las autoridades del estado de Chihuahua que estudian cómo reabrir el caso. Los agentes intentaron llevárselo de la casa donde se encontraba en régimen de arraigo  -custodiado como si estuviera en una prisión, sin visitas, teléfono o una computadora- sin que los oficiales presentaran una notificación. Su defensa, encabezada por el reconocido Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, con sede en la Ciudad de México, la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez y el Centro de Apoyo al Migrante impidió que lo trasladaran. Y fue el juez de Garantía Lorenzo Villar el que tuvo que acercarse para notificarle su libertad. En estos años, Arzate ha pasado de estar en la prisión del Cereso Estatal a estar arraigado en las instalaciones de la Academia de Policía de Juárez porque se venció la medida cautelar para que estuviera encerrado, donde estuvo incomunicado y sin poder salir al patio. Por un amparo ganado se pasó el arraigo a la humilde casa de su mamá, donde estuvo encerrado, custodiado por agentes día y noche.

Israel Arzate Meléndez espera con un bolso mediano y una maleta chica un avión para la Ciudad de México, para reflexionar su siguiente paso. Mañana jueves partirá, ya no hay más vuelos disponibles para esta noche. Le recibirá su mamá Guadalupe Meléndez que viajó al DF para la audiencia de la Corte Suprema.
En el aeropuerto Arzate es protegido por doce agentes de la Policía Federal, muchos menos que los agentes que lo custodiaban mientras estuvo en arraigo. Uno de los oficiales que coordina la operación de resguardo expresa que no está seguro, que necesitan más apoyo. Otro de ellos, afirma desconocer saber a quién resguarda y ni sabe qué ocurrió en Villas de Salvárcar.

Sus hermanos y sobrinos se despiden de él.  La conversación tiene lugar después de salir de la casa donde estuvo detenido durante un año y dos meses. Desde las cinco de la tarde algunos de los familiares de las 15 personas asesinadas y sobrevivientes de la masacre de Villas de Salvárcar han comenzado a reunirse en el memorial y el centro deportivo que el ex presidente Felipe Calderón mandó construir en su honor.

Algunos de ellos, que antes creyeron en la inocencia de Arzate o que dudaron de su culpabilidad como Luz María Dávila, cada vez más triste y abatida por el dolor del asesinato de sus dos únicos hijos: José Luis Piña, de 16 años y Marcos, de 19, piensan ahora que Arzate es culpable. Que hay sobrevivientes que lo reconocieron en aquella noche de horror del 30 de enero del 2010 -aunque cuando a estos se les pregunta con detalle, su seguridad se tambalea con la fisionomía común de Arzate, los cadáveres y la noche-. Y se abrazan a las fotos de sus pequeños mientras exigen justicia.

La principal testigo, conocida como la número 10, cuyo esposo fue asesinado en la masacre, estuvo seis semanas en coma y recibió un balazo en la cabeza, por lo que su declaración no sería confiable desde la psicología forense, según expertos.

"No es médicamente posible que con un trauma de esa magnitud en su cabeza, la testigo número 10 haya registrado en su memoria a Arzate, se inhibe el registro de memorias y puede ser afectada por otros elementos (si se le presenta imágenes o se le hace preguntas con ese objetivo)", afirma el criminólogo Óscar Máynez, ex jefe de medicina forense en el estado de Chihuahua, que renunció a su puesto tras negarse a plantar evidencia falsa a los chóferes apodados como La Foca y El Cerillo: chivos expiatorios acusados de matar a ocho mujeres desaparecidas que fueron encontradas convertidas en cadáveres en el 2001, en un campo algodonero de Juárez.
Los abogados defensores de los inocentes a los que el Estado convirtió en culpables, los incorruptibles Mario Escobedo y Sergio Dante Almaraz, fueron asesinados "por confusión" por policías judiciales.
El juez que siguió las órdenes del entonces gobernador Patricio Martínez (y ahora senador por el PRI y mano derecha del actual gobernador César Duarte) fue José Alberto Vázquez Quintero que desde el mes de octubre es el jefe del Tribunal Supremo de Justicia del estado de Chihuahua.







- Israel, está libre. ¿ Se lo cree?

- No todavía no. Ahorita estoy asimilando lo que estoy viviendo, este cambio. No sé lo que va a pasar mañana ni más al ratito. A la una y media mi hermano fue el que llegó, me dijo que le había hablado mi mamá que ya me habían dado libertad. Ni le creí. No más llegó, me abrazó y me dio la maleta. Ah! caray, ni cuenta me lo esperaba. Yo estaba esperando otra cosa diferente, a como es el gobierno, no, yo estaba esperando que se regresara el caso no más otra vez para acá para Juárez, pero la libertad no esperaba... Estoy contento.

- ¿Qué le puede decir a los que siguen creyendo que es culpable?


- Qué les puedo decir...nada más que yo presenté todas las pruebas de mi inocencia, y ahí quedó demostrado con la Suprema Corte que ni yo estuve, ni participé, ni tuve que ver nada ahí. No sé si me habrán confundido, eso en que las noticias te criminalizan tiene mucho que ver y la gente se hace una idea de lo que mira. Yo entiendo su dolor, pero yo digo que justicia tienen que pedir al gobierno, no a mí, yo me voy a defender, ya me defendí y quedó demostrado que yo no participé.

- ¿Qué ha sido lo más duro de haber sido encarcelado por ser considerado coautor de la masacre de Villas de Salvácar?

- Perder a mi esposa, hijo... pues todo pasa por algo. No los perdí, todavía tengo contacto. Perdí mucho pero gané más, me refiero a mí, en la persona que soy, a valorar todo, a mi familia. Si antes me decían, vamos a pasear, no no... voy a trabajar! Y ahora si tengo la oportunidad de irme con ellos, lo voy a hacer. Lo mejor ha sido las personas que he conocido en este trayecto y me han ayudado. Ya rencor al gobierno, no hay nada, que tanto me han atacado.


- ¿Cómo se sentió cuando los soldados le detuvieron, empezaron a torturarle en el cuartel militar y le decían que era culpable?

- Te bloqueas, uno no siente.  Que va a valer madre, te golpeaban, que firmes, que declares. Si me acuerdo bien de todo, pero ya eso está atrás, ya quedó. Lo que mas temía cuando me sacaban del Cereso eran los golpes, pero ya iba con otra mentalidad, porque matarme no podían hacerlo porque debían de regresarme al Cereso.

- Si le digo un nombre...  el ex presidente de México Felipe Calderón, que prometió detener a los culpables de la masacre de Salvárcar. ¿Qué piensa?

- En parte, él no ni culpa tiene. Él no me detuvo. Él si presionó para tapar el ojo a la gente. ¿Qué le puedo decir? nada. Pues a lo mejor si no hubiera sido yo, hubiera sido otras personas que no se hubiera podido haber defendido y ahorita estuvieran en la cárcel u otra cosa.

- ¿De las autoridades del estado de Chihuahua?

- Ni palabras, todo bien, que se pongan a trabajar, que hagan bien su trabajo.

- ¿Y los soldados torturadores?

-  Pues nada, no hay rencores. Dios los ha de a juzgar, yo no soy nadie para juzgarlos ni perdonarlos, no tengo nada que perdonarlos, allá ellos. Allá su conciencia.

- ¿Teme por su vida?

- No, pues ya pasé por mucho como para tener miedo.

- ¿Qué va a hacer ahora?

- Necesito trabajar.

- ¿Cómo hacía para no derrumbarse?

- Yo digo que por las ganas de salir, de que se haga justicia, es lo que me motivó a mi y a mi madre, esa fuerza lo que nos lanzó a luchar. Lo que no mata, fortalece.

- ¿Qué espera que ocurra ahora?

- Hay muchas personas inocentes, aquí en el estado de Chihuahua. Los jueces si les ordena el superior,  que les dice que lo sentencien, lo hacen sin pruebas, ni nada.  Que les hagan una auditoría para que miren que no más soy yo y son muchas las personas que están ahí. Dios quiera que este sea un paso para que otras personas que se encuentran en algo como yo, encuentren una salida.

- ¿Cuál es su sueño?

- Una cosa que me gustaría mucho hacer es ayudar a gente que está como yo, si se puede. Ayudarles en su lucha, darles palabras de aliento de perdido. Eso si me gustaría mucho ayudar, más por que ya estoy del otro lado, conozco el sistema, las personas, hay gente que está injustamente encarcelada.

- Sus ojos han pasado de brillar felicidad a estar llorosos... y ahora llora. ¿Por qué, Israel?

 - Porque conozco a muchos inocentes. Dicen que en la cárcel y en el hospital conoces a tus amigos, pues sí.

Israel Arzate saliendo por primera vez, ya libre, para dar unas breves declaraciones a los medios. Siete de la tarde.

Arzate, a las siete y media de la tarde,  abandonando el arraigo para encaramarse a un carro que lo llevaría al aeropuerto.

Berta Camacho, Luz María Dávila y Arceli Medrano protestando por la liberación de Arzate.  " Es una burla", asegura Luz María Dávila, con la foto de sus dos únicos hijos asesinados.  


**** Si quieres saber más del caso:

 Tortura para fabricar culpables y resolver rapidito una masacre: http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/11/tortura-para-fabricar-culpables-y.html

"Me torturaron para confesar", reportaje en PDF:  https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=gmail&attid=0.1&thid=12e536194b780c2f&mt=application/pdf&url=https://mail.google.com/mail/?ui%3D2%26ik%3De93b4aa23c%26view%3Datt%26th%3D12e536194b780c2f%26attid%3D0.1%26disp%3Dsafe%26realattid%3Df_g5rn2ltm0%26zw&sig=AHIEtbQqRv_dVXNJGRnuik829XgaN7FHZg


Varias notas más del caso de Israel Arzate y de la masacre de Villas de Salvárcar sumergiéndote en este blog.

Las organizaciones defensoras de Israel prepararon un documental:  http://vimeo.com/77810822


martes, 8 de octubre de 2013

El alcalde de Juárez y ella: sobreviviente de las balas (de los policías municipales de Julián Leyzaola)




El guarura bien cuadradote, de los que se creen bien chingones. La empuja. Le cierra el paso. Y ella se traga el terror que sabe a balas: de las autoridades. Teto Murguía (PRI) surge entre la multitud. Como si fuera una estrella de música norteña. El alcalde saliente de Juaritos sonríe a sus seguidores que le aclaman con cartelones: "Gracias por las despensas", "Teto te queremos". A unos pasitos de subirse al escenario del gimnasio del Colegio de Bachilleres para mostrar lo más chidote de los tres años de su gobierno.

Ella lo intenta: que él la vea, que le atienda un tantito. No quiere sus saludotes. Se apoya en un bastón: para poder caminar con una pierna que va perdiendo movilidad desde la noche del 24 de mayo en la que el alcalde inauguraba el monumento de la Equis para cambiar la imagen de violencia de Juárez y en la que surgió la realidad: casi la matan los policías municipales. No se inquieta ante el escolta. Está acostumbrada a lo peor: a las balas de las fuerzas de seguridad incrustadas en su matriz sintiendo cómo le era arrebatado el bebito que esperaba: no podrá tener más hijos.    http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/angel-damian-el-nino-que-no-nacio-o.html



María de los Angeles Morales siente que ahora es su última oportunidad para exigirle justicia a su alcalde,  el empresario Teto Murguía y a su suboordinado, Julián Leyzaola. En unas horas concluirán sus mandatos. Desenfunda su coraje y unas cartulinas de color naranja y blanco con las que denuncia el ataque que sufrió de los policías municipales dirigidos por Julián Leyzaola: el ex militar inhabilitado por ocho años para ejercer cargos públicos en el estado de Baja California. Las violaciones de derechos humanos mientras cumplía un cargo similar en Tijuana, le persiguen.

- "Si no baja esos cartelones, se los voy a quitar... y la voy a echar", le amenaza el guardaespaldas.

- "Ella es periodista", le increpa María de los Angeles mirándome.

 Y él me observa.

- Joven, una pregunta. ¿Por qué le va a retirar los cartelones?

No me contesta. Mi grabadora surge a un ladito de su rostro.

E insisto:

- Discúlpeme, me gustaría entender un poquito qué está pasando. Estoy viendo que hay varios cartelones a favor del alcalde ¿Sería tan amable de explicarme por qué va a quitar el único que le exige justicia? ¿por qué está empujando a la señora impedida? ¿está cometiendo algún delito, que yo desconozca?

Ni modo. No me contesta. Pero tampoco cumple con sus advertencias intimidatorias. Pero los guardaespaldas empiezan a rodearme también a mí.

Primero llega el gobernador, no alcanzo a preguntarle. Cuando está pasando el alcalde puedo deslizar mi brazo entre un guarura al que le supero en estatura y situar la grabadora sobre su bocaza:

- Señor alcalde, ¿me permite una pregunta?

- Sí, dígame, dice todo sonriente.

- Usted finaliza mañana su mandato, ¿cómo va a asegurar que se haga justicia en el caso de María de los Ángeles Morales baleada por los policías municipales el día de la inauguración de la Equis?

- No la escucho, no la escucho, no la escucho...

Y el Teto se me va a la carrerorota.

Me despido de María de los Ángeles, que se sienta enfrente del alcade, con sus cartulinas, pero a varios metros de distancia.

"Me da como enojo, coraje, impotencia, tristeza. Mucha tristeza porque siento que no van a hacer nada, que se va a quedar todo así, nada más", dice María de los Angeles, nacida en Irapuato, Guanajuato hace 30 años, que emigró a trabajar en una fábrica maquiladora a los 15 años de edad. 

"A los policías sólo los van a acusar por abuso de la autoridad, los altos mandos bloquearon todo. Por un momento me dio miedo (venir) pero me dije a ver si se atreven de hacerme algo aquí delante de toda la gente. Si algo me pasa, se lo responsabilizo a Teto (alcalde) y al Leyzaola (jefe policía)".





La música de la Sonora Skándalo suena en directo. Son tantos los integrantes que ocupan dos filas de las gradas en la parte superior del gimnasio donde están sentadas familias pobres, desde niños a abuelas. En el escenario, el alcalde con su equipo de gobierno y el gobernador César Duarte, entre otros mandatarios. Abajo, los invitados especiales, la mayoría hombres del mundo empresarial y políticos cercanos al PRI con traje y corbata. Están sentados como viven: en la profunda desigualdad social de esta ciudad de fábricas maquiladoras de capital extranjero donde sólo el 25.3 por ciento de la población no es pobre, según datos de El Colegio de la Frontera Norte (Colef).






El ambiente es de fiesta. Afuera del recinto, está la Banda Jerezana: una de las sorpresotas de la ceremonia de presentación del tercer informe de gobierno con un costo de más de 4.5 millones de pesos de fondos públicos, casi el doble que en el segundo de 2.9 millones.

Las luces se apagan. Y un vídeo de alta definición, como las pelis del cine, comienza a contar los logros de los últimos tres años de gobierno del alcalde Teto Murguía. Lo hace con música de acción, de intriga y éxito.
De las imágenes de horror y violencia se pasan a unas soñadas: donde Juárez se asemeja a la armoniosa Luxemburgo, pero sin el paisaje verde. En esta ciudad de desierto lo más verde en estos años han sido los uniformes de los soldados enviados por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra con el narcotráfico que dejó a más de 10 mil 300 personas asesinadas en la impunidad.

En la mayor parte de la publicidad política se destaca la labor de la policía municipal de Julián Leyzaola, donde los agentes son "héroes a los que le debemos los juarenses la tranquilidad que hoy disfrutamos". Eso sí, no hay ninguna alusión a las desapariciones perpetradas por la policía, ni a sus asesinatos, violaciones y otros abusos a la población (joven y pobre). Tampoco, a que la relativa calma ha llegado porque un Cártel, el de Sinaloa, ha ganado la codiciada plaza de Juárez, del paso de las drogas que van llegando desde Colombia para sus consumidores en Estados Unidos.

Los aplausos se hacen interminables cuando Teto, el alcalde, aparece en unas imágenes repartiendo uno de los "400 mil pollos" entregados en Navidad "que llevaron esperanza" a los más pobres.
La política de limosna del PRI continúa con las "8 mil despensas de comida, cobijas para 125 mil personas, pista de hielo durante 45 días".
Cuando le llega el turno a una de las obras emblemáticas del alcalde, el monumento de la Equis -una idea de empresarios realizada con fondos públicos- se expone con detalle el significado del monumento y se obvia el costo total que hace unos meses se estimó que fue de más de 117 millones de pesos mexicanos.

El vídeo continúa y a veces es tan de ciencia ficción que es cuestionado hasta por los llamados acarreados: personas de bajos recursos que han sido llevadas en rutas hasta el informe con la promesa de que conocerían al alcalde, se divertirían con la música y comerían un refrigerio.

"Pues que vaya por mi casa. El drenaje sigue mal y ahí se juntan hierbas, animales. Nos duele la garganta, los drenajes son lo que tenemos problema en la colonia Kilómetro 20.  No más estamos agradecidos con él, pero a ver si un día alguien nos escucha y nos ayuda", dice Juana Angélica Chávez, una trabajadora de una maquila, de 41 años.

También disiente Jorge Carrillo de los logros que el alcalde está mostrando en su tercer informe. A pesar de que se confiesa votante del PRI desde hace diez años, este chófer de ruta asegura que en las calles de su colonia no hay pavimento, sino "terracería" (arena del desierto). Y continúa la mayor parte del informe diciendo  "no es cierto" a cada uno de los llamados éxitos de Teto.



Para cuando comienza con su discurso el alcalde -acompañado de tambores de adolescentes que lanzan porras- la mitad de las gradas están vacías. El ambiente se asemeja al de una función de lucha libre, donde se pelean los aplausos, los gritos. Después, el gobernador. Fin del tercer informe, del gobierno municipal de Teto Murguía. Y los que aún quedan en las gradas superiores salen en estampida a por la última recompensa de la noche: los hot dogs y sodas.




Filas interminables de familias enteras. Huele a comida, gratis. La música de la banda Jerezana suena, pero pocos se animan a bailarla. Primero, a comer. Y los casi veinte integrantes, interpretando sus éxitos, con trajes bien coloridos. A las 11 de la noche, comenzarán a salir las rutas especiales de regreso a sus hogares en una ciudad con un pésimo y casi inexistente transporte público. Muchas de las familias me comentan que perdieron de nuevo todas sus pertenencias por unas horas de lluvia durante tres días: en una ciudad donde tampoco este alcalde ha considerado que es una prioridad tener drenaje pluvial: es mejor que se inunden en las zonas más pobres y después, darles cobijas (y tomarse la foto).




Para entender por qué estas personas tan olvidadas por las autoridades son capaces de hacer presencia en un acto político y estar ovacionando al alcalde,  hay que escuchar al señor Carrillo: "es irse uno a distraer, casi uno no sale de la casa".




Los estacionamientos están llenos: de ruteras. La mayoría de los asistentes han sido acarreados por la secretaría de Desarrollo Social del municipio. Son pasadas las nueve y cuarenta de la noche y me encaramo en mi carro. Unos dos minutos después, nada más llegar a la Avenida Tecnológico me doy cuenta que hay dos trocas que están detrás de mí.  Con sus luces y sirenas. Pienso que son agentes de tránsito y pienso que debería detenerme, pero no sé en dónde.

La troca de atrás casi me choca y no me deja ir ni para la izquierda ni para la derecha. Se mueve al mismo ritmo que yo, que intento salirme de la carretera. Y en esto, la otra troca me intenta rebasar y se pone al lado de mi copiloto, sin rebasarme, acompañándome en el camino. Y veo que son dos unidades de la policía municipal. A la altura del centro Comercial Soriana San Lorenzo puedo ya salirme. La señora que atiende el estacionamiento, ya casi vacío, me pregunta qué onda, qué pasó, si estoy bien. "Estos polis manejan de la patodota", le digo.  Quiero pensar en eso. Se percina y me da las buenas noches. Nos despedimos con una sonrisa tímida.

martes, 24 de septiembre de 2013

Masacre de Loma Blanca: Ellos, en féretros: de casita en casita. Y las autoridades, como si no pasara nada




Ricardo Vega, en un ataúd, soñaba con ir a la universidad. Le faltaban dos semestres.

Los ataúdes de una niña, tres adolescentes, una mamá y cinco hombres asesinados en la noche del domingo parten para ser enterrados: algunas familias viven la tragedia de Loma Blanca con dos cadáveres. Otra, con cuatro.

Hay dolores que azotan y desgarran. Como en otras masacres: Villas de Salvárcar, hace tres años. Lo nuevo: otras víctimas y la indiferencia de las autoridades. Aquí se siente más el abandono. No ha venido ni el alcalde ni el gobernador.
Juárez es una ciudad devastada tras más de 11 mil personas asesinadas durante la llamada guerra contra el narcotráfico del ahora ex presidente Felipe Calderón. Donde las autoridades lanzan mensajes de que la violencia es un tema del pasado. Como las desapariciones de niñas y los feminicidios desde hace veinte años.

Arena blanca. Los vecinos van caminando por el desierto, en caballo o carro en busca de los familiares de los muertos en un paisaje de casas incendiadas o abandonadas. Los patios se han convertido en improvisados velatorios. Algunos se acercan con miedo. Temen a los halcones que vigilan esta zona del tránsito de las drogas que llegan desde Colombia hasta Juárez para cruzar a Estados Unidos. Y a los asesinos.

El poblado de Loma Blanca, azotado por la pobreza, se alza y pide justicia. Son muchos los que se atreven a dar la voz por sus muertos. Como Verónica López, consejera en la escuela técnica Ceciytech 7 en San Isidro, donde estudiaban Luis Alonso Alarcón, de 15 años y  Richy Vega, de 17:

"Ellos pertenecían al equipo de béisbol, siempre se dice lo mismo que probablemente alguno estaba metido (en el narco), son los argumentos que pone la autoridad para no hacer su trabajo".

La principal línea de investigación de la Fiscalía es un ajuste de cuentas entre grupos del crimen organizado, igual que en las masacres de Villas de Salvárcar, Horizontes del Sur y todas las 25 que se han producido en los últimos cinco años en Ciudad Juárez.

Pero hay testigos que afirman que antes de la tragedia patrullas de la Policía Municipal les estuvieron siguiendo en diferentes puntos donde se reunieron los jóvenes. Y los vieron en la escena de los crímenes a los dos minutos de la masacre para después irse.








Richy Vega tenía 17 años hasta la noche del domingo 22 de septiembre que fue asesinado junto a sus amigos. Ahora su mamá María Brígida Pérez, de 45 años, sólo grita: "quiero que me hable, que me diga madre como siempre lo hacía". Su hijo mayor está en un ataúd. Con su uniforme del equipo de béisbol de Los Tigres,  las fotos de sus triunfos y una pelota que su compañeros han firmado.

A la entrada de la casita del joven, van llegando sus compañeros. Como el hogar es pequeño, se turnan para entrar en la salita y compartir los últimos minutos con su amigo, ahora en un ataúd.

"Nosotros ya nos sabemos las mismas respuestas que nos van a dar los policías, pero la verdadera historia sólo uno la sabe", afirma Eduardo, de 17.

"Richy no andaba mal, era una persona muy buena. El nunca se metía con nadie. Era muy inteligente, muy responsable", dice Tania Galindo, de 17 años.

"No tenía vicios ni nada. Solamente convivía con la familia. Era una persona muy especial, siempre se preocupaba echando la mano al otro", apunta Jesvin Ramírez, de 18.


Alondra (con la foto) fue novia de Richy Vega hasta que lo asesinaron.  En la imagen, con sus amigos a la entrada de la
casita donde está el féretro del joven beisbolista de 17 años de edad.


Camino al poblado de San Isidro, Hilda vela el féretro de su niña Perla Michelle Mancha, de 6 años de edad: los cumplió el 3 de septiembre. Y el de su esposo Martín Mancha, mecánico de profesión,  de 49 años.  Le queda otro hijo y una herida de bala en su cuerpo. Ella se salvó. Calentaba tortillas cuando las ráfagas de las balas le sorprendieron. "Tengo mucho miedo, no me siento segura, no sé si irme a Estados Unidos".

Los familiares llegan en ruta desde varias zonas del estado de Chihuahua. Algunos de los que fueron sus vecinos arriban desde El Paso, Texas adonde huyeron por la inseguridad en el Valle de Juárez. Los grandes ausentes son los padres de Martín y abuelos paternos de la pequeña. El viaje era muy largo y superan los 80 años de edad.

"La violencia nunca se acabó, no puede uno salir a la calle, no sabe ni qué", afirma Miguel, un operario de una fábrica maquiladora y amigo de Martín.





Tres ataúdes llegan a una humilde casa de una familia que perdió en unos segundos a cuatro de sus miembros. Uno tras otro, en el patio: María Mireya Armendáriz Meza tenía 33 años y su hijo Edgar Aarón Acosta Armendáriz, 15. Su sobrino Miguel Antonio Mota Armendáriz, 25.  Gritos. Llanto. El padre de éste, José Hesiquio Mota Ortega, de 45, es velado en Ciudad Juárez por su familia. Estaba separado.

Los primeros vecinos en ser sepultados en el panteón del ejido de San Isidro son Ricardo Richy Vega, de 17 años, con su amigo Luis Alonso Fraire, de 15. Y el tío de éste, Julio César Alarcón, de 36. Todos acompañados de los matachines de los danzantes de la Guadalupana, el grupo al que pertenecía Julio César.





Los velan y entierran ajenos a las pintadas que aparecieron al amanecer en los poblados de Loma Blanca, San Agustín, Guadalupe y Caseta. Algunas, en casas abandonadas:

"Esto es para los culeros de La Línea. Se pasaron de verga en Loma Blanca. La guerra es entre nosotros, no con inocentes. Nosotros no matamos niños ni señoras. Pinches marranos. Att. Gente de Gavino Salas".  Fueron borradas rápidamente por las autoridades.

Gabino Salas "El ingeniero" y presunto miembro del Cártel de Sinaloa que controlaba el tráfico de drogas y armas en El Valle de Juárez murió abatido por el Ejercito Mexicano hace mes y medio, el 8 de agosto, en Praxedis G. Guerrero. La operación fue dirigida por el jefe de la policía municipal de Ciudad Juárez, Julián Leyzaola.

"Puede ser que un grupo ponga los mensajes para presionar al estado, que se acuse a La Línea para que los elimine. Se tiene que investigar, primero que nada", afirma el criminólogo Oscar Máynez.

Loma Blanca llora a sus muertos. El gobernador César Duarte (PRI) y el alcalde saliente Héctor Muguía (PRI), entre otras máximas autoridades, inauguran el nuevo edifico la Comisión Estatal de Derechos Humanos. En una tierra sin derechos: en donde las autoridades no saben preservar el derecho básico a la vida. Como en Loma Blanca.

 "La violencia bajó (este año), no por una estrategia en particular. Ninguna autoridad soporta 20 muertos al día. La violencia no tiene por qué no seguir ocurriendo porque no ha habido estrategias, al igual que con las mujeres desaparecidas", afirma el criminólogo Oscar Máynez.

 "No teníamos la situación de estado de sitio durante cinco años, pero la violencia no se fue en realidad. Lo que pasa es que se estabilizó, se modificó. Ninguna ciudad aguanta 3 mil muertos al año. Si la estrategia principal es hacer declaraciones públicas no tiene por qué desaparecer", apunta.

Hay preguntas con las mismas respuestas, que se suceden con los años: saber por qué los mataron. En una zona con un 97 por ciento de impunidad y con una justicia de chivos expiatorios, lo único que es cierto es que los mataron porque estaban vivos: porque se puede.

lunes, 23 de septiembre de 2013

"Juárez, Chihuahua Vive", dice el gobierno. Hasta que te asesinan: masacre de Loma Blanca (una niña, 3 adolescentes, una mamá y cinco hombres)



Ser el coordinador de las confirmaciones de su iglesia y el béisbol eran las grandes pasiones de Luis Alonso Fraire, de 15 años, huérfano de mamá. En la noche del domingo fue asesinado junto a 9 personas.




Una sonrisa tímida. Para combatir las masacres. El pasado (Villas de Salvárcar, Horizontes del Sur en el 2010 con 15 y 14 asesinatos cada una) y el presente: en Loma Blanca, de nuevo. Diez.

En la radio, el lema del alcalde Héctor Murguía (PRI) a dos semanas de que finalice su mandato: "en tres años de gobierno, (...) tranquilidad, paz. Rescatamos Juárez". Y ella vomita de sus labios:

"Chihuahua vive, sí vive. Vive entre la violencia".



La sangre de una niña de seis años, tres adolescentes, una mamá y cinco hombres huele: a nada chido.  El trofeo del triunfo: en la escena de los diez crímenes. En el solar donde fueron asesinados en la noche de ayer domingo. El equipo de béisbol de Los Cardenales, que siempre perdía, ganó.
Aquella tarde el convivio semanal de los jóvenes y vecinos se celebraba en el terreno que se asoma de la casita del abuelo de Luis Alonso Fraire Alarcón. Un árbol de lila sobrevive con un tronco agujereado por las balas, entre la arena del desierto y los recuerdos del horror: fueron 32 disparos de AK-47.




Angélica Fraire tiene 25 años y ahora, un hermano de 15 años y un tío de 35 por enterrar.

"Me siento triste, devastada. Saber que ya no los voy a volver a ver más. Puros inocentes cayeron".

Para llegar al poblado de Loma Blanca, de casi mil 600 habitantes, hay que manejar unos 40 minutos desde Ciudad Juárez con dirección hacia El Valle. Pasar casas abandonadas como las de los cinco beisbolistas levantados hace unos meses y quemadas por la violencia. Una iglesia fue destruida:  el mismo día de la masacre los vecinos habían organizado una kermés, vendieron antojitos para conseguir fondos para repararla. Autoridad, hay poca: el comisario ejidal Calixto Pérez Mena fue asesinado el 15 de febrero del 2010 a los 64 años de edad en esta población fronteriza con San Elizario, Texas.

"Son rachas que pasan, pero El Valle siempre ha sido el mismo. Todo sigue igual. Siempre estaba así, rachas se viene la violencia y se calma".


Aquí fueron asesinados su hijo y su nieto. Un solar que ve todos los días al salir de su hogar

Escuchó un "ta, ta, ta, ta.... ". Y la voz de su hijo Julio César Alarcón Carrillo, de 35 años de edad, gritándole "papá, papá, papá": hasta que lo asesinaron. El con un andador, por una embolia que sufrió hace dos semanas. Su nieto Luis Alonso Fraire, de 15 años y coordinador de un grupo de confirmación en la iglesia, acababa de salir al jardín de su abuelo donde estaba la fiesta.  Para saludar a su tío: danzante de los matachines Guadalupano, dueño del equipo del béisbol Los Cardenales y encargado de una tienda Modelorama. Y a Richy uno de sus mejores amigos, compañero de juego también en el equipo de béisbol de Los Tigres.

"Cayeron juntitos todos", recuerda Agustín Alarcón, de 75 años, padre y abuelo de dos de los diez asesinados. "Yo no salí y cuando me asomé estaban tirados. Los muchachos cada ocho días festejaban, perdieran o ganaban, hacían su propio convivio cuando no aquí, en otro ranchito. Eran puros chamacos conocidos los que andaban aquí ".

Los agentes de la policía investigadora retiran el trofeo. Los vecinos intentan cubrir con palas las huellas del crimen: para seguir adelante. Un ataúd blanco para Luis Alonso y uno negro para su tío. Los velarán a partir de las doce de la noche en la sala de la casa en la que vivía hasta celebrar el triunfo de Los Cardenales y ser asesinado.

"Mi hermano será enterrado mañana con mi mamá (Genoveva) que falleció hace un año y cuatro meses de enfermedad, le dio un paro (cardíaco). Mi tío, solo. El funeral, en la intimidad, con su mejor amigo, Ricardo Vega (de 17 años). Queremos privacidad, que respeten el dolor. Fueron muy apegados, nos conocemos desde niños. Son hijos de un pueblo en luto. Que se haga justicia".

domingo, 15 de septiembre de 2013

Unos gritan "Viva México", ella grita de coraje: mamá de Fabiola Janeth Valenzuela

Silvia sobrevive entre la duda, una tumba y la esperanza. No sabe si los restos que enterró son los de su hija. Sigue buscándola.

Fuegos artificiales en el televisor. Y su casita de Pradera de los Oasis, húmeda. Calles que son ríos de agua con tres días de lluvias: aquí no existe el drenaje pluvial ni el pavimento, como en el 60 por ciento de Ciudad Juárez. Su cuaderno está seco y lo llena de pensamientos para no ahogarse:

He aquí todos gritando "Viva México" 
y en ese momento
hace tres años mi hija también gritó
para pedir ayuda y su grito
se confundió entre tanto grito de la gente. 
Y siento que gritaba para que alguien le ayudara,
pero nadie la escuchó. 
Es por eso que pienso 
que a mi hija le privaron su vida 
este día 15 de septiembre (del 2010) y hasta el 16 de septiembre
fueron a tirar su cuerpo. 
Hoy se cumplen tres años y yo sigo aquí recordándola 
esperándola con los brazos siempre abiertos. 

@Poema de Silvia Banda. Para su hija Fabiola Janeth Valenzuela: desaparecida en Ciudad Juárez. A los 18 años de edad, el 23 de agosto del 2010. Le entregaron huesos dos años después, el 19 de enero del 2012.
Versión oficial: las autoridades aseguran que la hallaron muerta en la misma semana que le notificaron a Silvia del hallazgo.
Versión más real: una química forense le informó que los restos fueron encontrados el 16 de septiembre del 2010 y que no recibió el primer fragmento para analizar hasta el 17 diciembre del 2011, al año y tres meses.
La Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género no le explica a la mamá de Fabiola Janeth Valenzuela por qué le ocultaron la realidad ni por qué tardaron tres años en darle restos.
No le permitieron ver los huesos que enterró. Silvia sobrevive entre la duda, la tumba y la esperanza de que esté viva. Con la exigencia de la exhumación y un examen de ADN del equipo de antropólogas forenses argentinas para saber si lo que le entregaron las autoridades juarenses es su hija: y dejar de seguir buscándola. O continuar.






Lo que hay en la tele: El Grito, con el que se conmemora el inicio de la Guerra de la Independencia de México de España, en esta ocasión 203 años. Y ella, no quiere escucharlo.
Por el día, pegó pesquisas con la foto de su hija en el recorrido donde se celebra el desfile del 16 septiembre "para que vea la justicia lo que tiene que hacer. Dos personas me dijeron que la vieron, que en los hoteles las tienen. Hay fuga de información en la policía y cuando van, no encuentran nada. Las voy a seguir pegando".

Cuando desapareció, Fabiola Janeth Valenzuela Banda tenía 18 años y un pequeño de casi 4 años. Unas semanas, antes dejó de residir en el hogar de sus padres y cuatro hermanos.

"A lo mejor no le gustaban las reglas de mi casa, se fue a vivir con una señora. Estuvo llegando, le hablaban y se tenía que ir. Por el instante, no sospeché de nada, ahora pienso que la traían como trata de blancas y tengo a mis sospechosos".

Silvia prepara a su familia para ir a la Catedral. Su esposo, operador en una maquila, ha tomado el lunes libre. Se encaraman a la rutera, con tiempo: las carreteras están en construcción por el llamado Plan de Movilidad Urbana y hay hoyos por las tormentas de los últimos tres días. Más el desfile del 16 de septiembre.

Al finalizar la misa, Silvia está aún más triste y se apura para despedirse de su virgencita de Guadalupe situada a un costado del altar. "!Ya vamos a cerrar! ",  dice un señor vestido con una camiseta blanca, que porta lentes. Y ella abraza aún con más ternura una hoja con la foto de su hija Fabiola Janeth que pide "justicia". Hace cinco minutos que la celebración eucarística de las 12 del mediodía ha finalizado.



El hombre comienza a ordenar los arreglos florales que hay debajo del cuadro de la Virgen, insistiendo de nuevo que ya van a cerrar. Silvia reza. Detrás de ella, están otras dos mamás de desaparecidas: la de Diana Rocío Ramírez con un camiseta con la foto de su hija y la de Janeth Paola Soto Betancourth con una manta rosa con los datos de su pequeña. Y yo, intentando tomar una foto.

Lo miro y me parece que es la misma persona que ha ofrecido la misa, ahora sin su sotana verde: el vicario Fernando Valle.  "¿Es usted el sacerdote?".  Y responde: "sí".

La mamá de Fabiola Janeth Valenzuela se quiebra mientras sale de la Catedral.

"Me siento pésimo, no ha dicho ni el nombre de mi hija en la misa. Vine veinte minutos antes para darle  (al sacerdote) el papelito con su nombre. Nadie nos escucha, tal vez voltean a vernos pero no nos ponen atención".


**** Durante la semana exigirá de nuevo la exhumación de los restos que enterró en el panteón de San Rafael y que las autoridades le aseguraron que era su hija. Para calmar la tortura en la que sobrevive.